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QUISO ABANDONAR LA FE… Y DIOS LO ENFRENTÓ EN LA NOCHE MÁS OSCURA

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 52 minutos
  • 3 Min. de lectura
Pensó que Dios lo había abandonado. Sintió culpa, vacío y una oscuridad que lo llevó al límite. Estuvo a punto de dejar la fe… pero en esa noche brutal ocurrió algo que cambió su historia para siempre.
En la celda de su propia noche interior, cuando el silencio parecía abandono y la fe se volvía desierto, decidió no irse… y esa oscuridad terminó convirtiéndose en el inicio de su misión.
En la celda de su propia noche interior, cuando el silencio parecía abandono y la fe se volvía desierto, decidió no irse… y esa oscuridad terminó convirtiéndose en el inicio de su misión.

Hay santos que nacen fuertes. Y hay santos que se rompen primero.


San Ignacio de Loyola no siempre fue el estratega espiritual que fundó la Compañía de Jesús. Antes fue un hombre herido, confundido… y al borde del abandono total.


Sí: el santo que enseñó a discernir la voluntad de Dios pasó por una sequedad espiritual tan brutal que pensó en dejarlo todo.









EL HOMBRE QUE QUERÍA GLORIA

Antes de ser santo, Ignacio soñaba con fama, honor y reconocimiento. Soldado, ambicioso, impulsivo. Vivía para la gloria humana.


Hasta que una bala de cañón destrozó su pierna en la batalla de Pamplona.

Postrado, sin poder moverse, pidió libros de caballería. No había. Solo le dieron vidas de santos.


Aquella lectura comenzó a cambiarlo. Pero el cambio no fue romántico. Fue tormentoso.


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LA NOCHE QUE CASI LO QUIEBRA

Después de su conversión inicial, Ignacio se retiró a Manresa. Allí comenzó una de las etapas más oscuras de su vida.


Oraba durante horas. Hacía penitencias extremas. Dormía poco. Ayunaba casi sin medida.

Pero en vez de paz… vino el desierto.


Dudas obsesivas. Culpa desmedida. Escrúpulos insoportables. Sentía que nunca era suficiente. Que Dios no lo escuchaba. Que todo era mentira.


Llegó a pensar seriamente en abandonar su camino espiritual. Incluso contempló el suicidio.


No era un místico luminoso.


Era un hombre al límite.



EL ENFRENTAMIENTO INTERIOR

En esa oscuridad brutal, Ignacio comprendió algo que luego enseñaría al mundo: no todo pensamiento viene de Dios.


Aprendió a discernir.


Descubrió que la desesperación no era voz divina. Que la culpa constante no era santidad. Que la sequedad no era abandono de Dios.


En la noche más oscura, entendió que el combate espiritual es real.


Y decidió no huir.









EL GIRO QUE CAMBIÓ SU HISTORIA

Ignacio dejó de confiar en sus emociones y comenzó a confiar en la voluntad de Dios, incluso cuando no sentía nada.


Esa perseverancia silenciosa dio fruto.


De aquella crisis nacieron los Ejercicios Espirituales, uno de los caminos de discernimiento más poderosos de la Iglesia.


La noche no lo destruyó.


Lo formó.



CUANDO DIOS PARECE AUSENTE

Muchos abandonan cuando ya no sienten nada.Cuando la oración se vuelve seca.Cuando el entusiasmo desaparece.


Ignacio también pasó por ahí.


Pero entendió algo decisivo: la fe no depende de emociones.


La santidad no es euforia constante.


Es fidelidad en la oscuridad.


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LA LECCIÓN QUE QUEDA

San Ignacio no se convirtió en santo porque nunca dudó. Se convirtió en santo porque no se fue cuando quiso irse.


Porque resistió la noche. Porque soportó el silencio. Porque eligió quedarse.


Y tal vez hoy tu sequedad, tu crisis, tu sensación de vacío… no sea el final. Tal vez sea el umbral.


Porque a veces, cuando todo parece perdido, Dios no está ausente. Está trabajando en lo más profundo. Y la noche más oscurapuede ser el comienzo de la misión que todavía no ves.

QUISO ABANDONAR LA FE… Y DIOS LO ENFRENTÓ EN LA NOCHE MÁS OSCURA

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