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EL SANTO QUE RECHAZÓ EL AMOR ROMÁNTICO… Y DESCUBRIÓ ALGO MÁS GRANDE

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 1 día
  • 3 Min. de lectura
Tenía riqueza, apellido y un futuro asegurado. Podía casarse y gobernar. Pero eligió otra cosa. Renunció al amor romántico y tomó una decisión que escandalizó a su familia… y cambió su destino para siempre.
San Luis Gonzaga contempla el crucifijo con una ternura que desarma el mundo: el joven noble que renunció a privilegios, herencia y poder para abrazar la pureza, la oración y el servicio a los enfermos, hasta entregar su propia vida por amor.
San Luis Gonzaga contempla el crucifijo con una ternura que desarma el mundo: el joven noble que renunció a privilegios, herencia y poder para abrazar la pureza, la oración y el servicio a los enfermos, hasta entregar su propia vida por amor.

13 de febrero. El mundo se prepara para hablar de flores, promesas y corazones rojos. Pero hubo hombres y mujeres que, cuando el amor llamó a su puerta… hicieron algo inesperado.

Lo rechazaron.


No por frialdad. No por miedo. Sino por algo que ardía más fuerte dentro de ellos.

Uno de esos casos reales es el de san Luis Gonzaga (1568-1591).









EL JOVEN NOBLE QUE TENÍA TODO PARA CASARSE

Luis nació en 1568 en una de las familias más poderosas de Italia. Era heredero del marquesado de Mantua. Tenía apellido, riqueza y futuro asegurado. Su padre soñaba con verlo convertido en militar, casado con una mujer noble y garantizando la continuidad del linaje.


Todo indicaba que su destino sería el matrimonio, el poder y la influencia. Pero desde adolescente, comenzó a experimentar algo distinto.


Mientras otros jóvenes de su edad hablaban de alianzas familiares y compromisos, él pasaba horas en oración. A los 9 años hizo voto privado de virginidad. A los 13 ya había decidido que no quería casarse. Su padre estalló.


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CUANDO EL AMOR HUMANO CHOCA CON UNA LLAMADA MÁS GRANDE

Luis no despreciaba el matrimonio. La Iglesia lo considera vocación santa. Pero él sentía una llamada distinta.


Quería ser jesuita. Renunciar al título.Renunciar a la herencia.Renunciar a una esposa noble.


Su familia hizo todo para impedirlo. Presión psicológica. Discusiones. Viajes para distraerlo. Pero nada lo movió.


En 1585, contra el deseo de su padre, renunció oficialmente a su herencia y entró en la Compañía de Jesús.


Para el mundo fue una locura. Para él fue coherencia.



EL AMOR QUE NO ERA ROMÁNTICO

Luis Gonzaga no eligió una vida cómoda dentro del convento. Durante una epidemia de peste en Roma, se ofreció como voluntario para cuidar enfermos abandonados. Los cargaba en brazos. Los limpiaba. Los acompañaba hasta la muerte.


Se contagió. Murió en 1591 con apenas 23 años.


El joven que podía haber tenido esposa, hijos y una vida aristocrática eligió servir hasta el extremo.









NO FUE EL ÚNICO

La historia se repite. Santa Catalina de Siena rechazó pretendientes porque se sentía “desposada con Cristo”. San Francisco de Asís rompió públicamente con la riqueza de su padre para abrazar la pobreza. Charles de Foucauld abandonó relaciones y privilegios cuando redescubrió la fe.


No fueron enemigos del amor. Fueron radicales en su forma de amar.


Pedro Kriskovich

¿RECHAZAR EL AMOR O ELEGIR UNO MÁS GRANDE?

En vísperas del 14 de febrero, la historia de estos santos incomoda: ¿Es el amor romántico el único amor posible? ¿O existe algo que puede llenar más profundamente el corazón humano?


San Luis Gonzaga no rechazó el amor. Rechazó una forma concreta de vivirlo. Eligió amar a Dios y a los más necesitados como prioridad absoluta.


Y esa decisión, que parecía una pérdida, terminó siendo una plenitud.



UNA PREGUNTA PARA HOY

En un mundo donde el amor suele medirse en likes, fechas y promesas efímeras, la historia de estos santos plantea algo distinto: El amor verdadero siempre implica entrega.


Para algunos, esa entrega es en el matrimonio. Para otros, en la consagración. Para todos, en el servicio.


Luis Gonzaga no huyó del amor. Lo llevó hasta sus últimas consecuencias. Y quizás por eso, más de cuatro siglos después, su nombre sigue resonando con una fuerza que ningún romance pasajero puede igualar.

EL SANTO QUE RECHAZÓ EL AMOR ROMÁNTICO… Y DESCUBRIÓ ALGO MÁS GRANDE

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