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El Santo que Quemó su Pasado y Salió Corriendo a Dios

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 11 jul
  • 3 Min. de lectura
Fue a estudiar a Roma y encontró un mundo podrido. Lo dejó todo, huyó al desierto y encendió la chispa que cambiaría Europa. San Benito de Nursia no se rebeló contra el mundo: se escapó para salvarlo desde el silencio.
San Benito

“Cuando el mundo está podrido, hay que quemarlo por dentro... y comenzar de nuevo desde Dios”. Esa frase no está escrita en ninguna regla benedictina, pero podría ser el corazón oculto de la vida de san Benito de Nursia. Nacido en el 480, en medio del colapso del Imperio Romano, fue testigo de una civilización desangrada por su propia corrupción.


La decisión que tomó fue más radical que una revolución: se retiró. Huyó de la decadencia, del ruido, de la violencia... y prendió una luz que cambiaría para siempre la historia de Europa.







LA SOCIEDAD LO ASQUIÓ Y SE RECLUYÓ EN DIOS

Tenía apenas 17 años cuando sus padres lo enviaron a estudiar a Roma. Pero no encontró sabiduría: se topó con el libertinaje. Las calles estaban llenas de placeres vacíos, los jóvenes se perdían en fiestas y los adultos traicionaban sus principios por un poco de poder.


"Mientras Europa se desmoronaba, san Benito la reconstruía con ladrillos invisibles: fe, paciencia, vida comunitaria."

Benito sintió asco. Y una noche, sin avisar a nadie, salió de la ciudad y nunca volvió. Fue a buscar a Dios. Y lo encontró entre rocas, soledad y silencio.

pEDRO kRISKOVICH
EL SANTO QUE SE CONVIRTIÓ EN FUEGO SAGRADO

Se refugió en una cueva en Subiaco. No llevaba comida ni libros, solo hambre de eternidad. Fue allí donde el joven romano comenzó a transformarse en algo más que un monje: se convirtió en una antorcha que iluminaría siglos.


Su fama creció. Los hombres se acercaban a él, buscando esa paz que sólo da el alma limpia. Pero donde hay luz, también hay sombras. Y san Benito tuvo que luchar contra el demonio más de una vez.


San Benito
 El fuego interior del santo que huyó del ruido del mundo. En la soledad de una cueva en Subiaco, San Benito enfrentó tinieblas y demonios, convirtiéndose en la luz que guiaría a generaciones por el camino de la oración, la lucha espiritual y la civilización cristiana.
LUCHA CONTRA EL MALIGNO

Dicen que los ataques eran directos: le rompían las herramientas, le provocaban tentaciones, le susurraban al oído. En una ocasión, se arrojó desnudo sobre espinas para resistir una visión impura.


En otro momento, el mismísimo diablo se le apareció en forma de cuervo. Y sin embargo, nunca retrocedió. Cada ataque era una señal de que iba por el buen camino.

CASA BETANIA
LA REGLA PARA SER FIEL A DIOS

Con el tiempo, formó una comunidad. Y luego varias. Fundó el monasterio de Montecasino, donde escribió su famosa regla: "Ora et labora". Rezar y trabajar. Comer juntos, orar juntos, vivir juntos. En silencio, con disciplina. Lejos del caos, pero en el corazón del mundo.


Mientras Europa se desmoronaba, él la reconstruía con ladrillos invisibles: la fe, la paciencia, la vida comunitaria.


San Benito no fue un conquistador. Fue un exiliado voluntario. No escribió tratados, pero su Regla dio forma a miles de monasterios que conservaron libros, enseñaron oficios, sanaron heridas. El monacato benedictino fue el gran pulmón espiritual y cultural de la Edad Media. Y todo comenzó con un joven que huyó de Roma porque le repugnaba la mentira.


San Benito
En Montecasino, un hombre cambió el destino de Europa con oración y ladrillos invisibles. San Benito dicta su Regla bajo la luz del Espíritu, mientras los primeros monjes lo escuchan en silencio. Afuera, el caos. Adentro, el germen de una nueva civilización.
UN EJEMPLO A SEGUIR EN MEDIO DE LA VORÁGINE

Hoy, su figura se alza como un faro para una sociedad agotada de ruido, consumo y confusión. En tiempos donde todos quieren ser escuchados, san Benito enseña el poder de callar. En tiempos donde se valora la rapidez, él propone la paciencia. Y cuando el alma parece estar al borde del colapso, su voz resuena como un trueno suave: “Busca a Dios, y lo demás vendrá por añadidura”.


No tuvo ejércitos. No tuvo redes. No tuvo megáfonos. Pero san Benito, con su silencio ardiente, cambió el curso de la historia. Hoy, más que nunca, su legado vuelve a arder en los corazones que quieren vivir sin dobleces. Porque no basta con creer: hay que quemar el pasado, salir corriendo... y lanzarse a Dios.



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