NO TODO LO QUE EMOCIONA VIENE DE DIOS: EL ENGAÑO ESPIRITUAL QUE CONFUNDE A MUCHOS CREYENTES
- jmarinangeli
- hace 3 minutos
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No todo lo que conmueve viene del Cielo. En tiempos de fe emocional, la Iglesia vuelve a advertir un engaño silencioso: confundir a Dios con sensaciones. Discernir no apaga la fe, la purifica. Y duele… pero salva.

Hay lágrimas que convierten, y lágrimas que engañan. Hay estremecimientos que nacen del Espíritu Santo, y otros que sólo provienen de la piel, del ánimo exaltado o del vacío interior. En tiempos donde la fe se mide por lo que se “siente”, la Iglesia vuelve a advertir algo incómodo pero urgente: no toda emoción es señal de Dios.
Vivimos una época profundamente emocional. Muchos creyentes buscan experiencias intensas, momentos que los sacudan, palabras que los hagan llorar o músicas que los eleven. Y cuando eso ocurre, concluyen rápidamente: “Dios estuvo ahí”. Pero la tradición cristiana —sólida, antigua, probada— enseña algo muy distinto: Dios no siempre emociona, y lo emocional no siempre viene de Dios.
CUANDO LA EMOCIÓN SE CONFUNDE CON LA FE
La emoción es parte de la naturaleza humana. Dios puede tocarla, sí. Pero también puede hacerlo el orgullo, la sugestión, el miedo, la necesidad de pertenecer o incluso el propio ego. El problema aparece cuando el creyente empieza a guiar su vida espiritual sólo por lo que siente: si hay emoción, cree; si no la hay, abandona.
La fe cristiana no se apoya en sensaciones cambiantes, sino en una relación real y perseverante con Dios. Jesús mismo lo dejó claro: no prometió emociones constantes, sino una cruz diaria. Sin embargo, muchos hoy confunden el Evangelio con una experiencia sensorial pasajera.

EL RIESGO DE UNA ESPIRITUALIDAD SIN DISCERNIMIENTO
Uno de los grandes peligros espirituales es creer que todo lo que conmueve es automáticamente bueno. La Iglesia siempre enseñó la necesidad del discernimiento: distinguir lo que viene de Dios de lo que no. Porque hay emociones que inflan el ego, generan dependencia, crean fanatismo o desvían del camino verdadero.
Un creyente puede salir emocionado de una reunión… y aun así estar más lejos de la voluntad de Dios. Puede llorar, estremecerse, sentirse “tocadísimo”, pero no cambiar nada en su vida. Cuando la emoción no conduce a conversión, obediencia y humildad, no es señal de gracia, sino de confusión.
DIOS TAMBIÉN HABLA EN EL SILENCIO
Uno de los grandes engaños modernos es pensar que, si Dios no se siente, entonces no está. Pero la experiencia cristiana auténtica enseña lo contrario: Dios suele hablar en lo simple, en lo cotidiano, en el silencio que no conmueve pero transforma.
Muchos santos atravesaron largos períodos de sequedad espiritual, sin consuelos ni emociones. Y lejos de alejarse de Dios, se aferraron más a Él. Aprendieron que la fe madura no depende del entusiasmo, sino de la fidelidad.
CUANDO LA EMOCIÓN SE VUELVE UN ÍDOLO
Hay comunidades, espacios y discursos que alimentan una fe basada exclusivamente en el impacto emocional. Allí, el creyente no aprende a amar a Dios, sino a perseguir sensaciones. Cuando estas faltan, llega la frustración, el abandono o la búsqueda de algo “más fuerte”.
La emoción, cuando se vuelve el centro, termina reemplazando a Dios. Se transforma en un ídolo sutil: no se busca al Señor, sino lo que Él hace sentir. Y cuando no lo hace, se lo juzga ausente.
LA SEÑAL VERDADERA: FRUTO, NO IMPACTO
La tradición cristiana es clara: lo que viene de Dios deja frutos, no sólo sensaciones. Humildad, paz profunda, caridad concreta, paciencia, perseverancia. No siempre hay lágrimas. No siempre hay fuego. Pero hay transformación real.
El engaño espiritual más peligroso no es el rechazo abierto de Dios, sino la confusión interna: creer que se está cerca de Él cuando en realidad se está siguiendo sólo la emoción del momento.

UNA ADVERTENCIA NECESARIA
En una Iglesia que camina entre multitudes cansadas, heridas y hambrientas de sentido, esta advertencia no busca apagar el fervor, sino purificarlo. Dios no es un espectáculo. La fe no es una montaña rusa emocional. El amor verdadero, como toda relación profunda, no siempre emociona… pero siempre sostiene.
Tal vez hoy muchos necesiten escuchar esta verdad incómoda: si tu fe depende sólo de lo que sentís, no es fe todavía. Es apenas emoción. Y la emoción, cuando se va, deja el alma vacía. Dios, en cambio, cuando se lo busca de verdad, permanece incluso cuando no se lo siente.
NO TODO LO QUE EMOCIONA VIENE DE DIOS: EL ENGAÑO ESPIRITUAL QUE CONFUNDE A MUCHOS CREYENTES
NO TODO LO QUE EMOCIONA VIENE DE DIOS: EL ENGAÑO ESPIRITUAL QUE CONFUNDE A MUCHOS CREYENTES









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