El Niño que Ardió y Volvió a la Vida: La Fe que Venció al Fuego
- Canal Vida

- 10 oct
- 2 Min. de lectura
Sobrevivió cuando nadie creía que fuera posible. Su cuerpo se quemó por completo, pero su fe encendió algo más poderoso que el fuego: el milagro de seguir vivo. Hoy, su historia inspira al mundo entero.

Su nombre es John O’Leary. Tenía solo nueve años cuando su cuerpo quedó consumido por las llamas. El fuego no dejó casi nada intacto: el 100% de su piel estaba quemada, el 87% en tercer grado. Los médicos lo daban por muerto. Pero donde la ciencia veía el final, Dios preparaba un milagro.
“NO QUERÍA MORIR”
Todo comenzó una tarde en su casa de St. Louis, Missouri. Un accidente doméstico encendió el fuego que lo cubrió por completo. “Recuerdo que le pregunté a mi madre si iba a morir —contó John—. Ella me miró y respondió: ‘¿Quieres morir?’. Yo le dije: ‘No, quiero vivir’. Entonces me dijo: ‘Apóyate en Dios. Lucha con Él. Nosotros no te dejaremos solo’”.
Aquella frase se convirtió en su ancla entre el dolor y la esperanza. En los días que siguieron, el pequeño John fue sometido a cirugías interminables, con la piel desgarrada y la respiración quebrada. Pero algo más fuerte lo sostenía: una red inmensa de oración. Vecinos, amigos, desconocidos y hasta san Juan Pablo II rezaron por él.

MILAGROS EN CADENA
Desde los hospitales de Missouri hasta las parroquias de Israel, miles ofrecieron misas y novenas por su vida. Un anciano moribundo —que jamás conoció a John— ofreció su propio sufrimiento por él. Y, milagrosamente, el niño sobrevivió. “Cuando supe que otros habían sufrido por mí, entendí el sentido del dolor redentor. Todo eso me cambió para siempre”, confiesa.
Hoy, décadas después, O’Leary camina sin miedo. Se convirtió en autor, conferencista y testigo vivo de la fe. Su historia inspiró la película “Soul on Fire” (“Alma en Llamas”), donde relata cómo Dios lo salvó para encender la fe de otros.
“Soy un milagro roto —dice con serenidad—, pero agradecido. Los católicos no se esconden del sufrimiento. Lo abrazan, sabiendo que después del viernes de cruz, siempre llega el domingo de resurrección”.









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