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“El Hambre que Mata Más que las Bombas”: El Papa Denuncia la Guerra Silenciosa del Siglo XXI

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 30 jun
  • 3 Min. de lectura
León XIV lanzó una denuncia feroz ante la FAO: el hambre se usa como arma de guerra. Sin diplomacia, expuso cómo gobiernos y mafias silencian pueblos enteros matando su alimento. Un mensaje que estremece al mundo entero.
Hambre
 Gritos por un plato de comida. Niños desesperados extienden sus manos en un centro de distribución de alimentos. Esta imagen estremecedora revela la crudeza del hambre y da rostro a la denuncia del Papa: “Matar de hambre es una forma muy barata de hacer la guerra”.

En su primer gran mensaje internacional León XIV estremeció al mundo al denunciar sin rodeos que matar de hambre a la población es una forma muy barata de hacer la guerra”. Un mensaje brutal, sin maquillaje diplomático, que expuso ante la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO —sigla en ingles—) el uso deliberado del hambre como arma de dominación y exterminio.


Desde la Santa Sede, su texto fue transmitido en español a los líderes de la 44ª Conferencia de dicha entidad, en el marco de su 80° aniversario. El Papa no habló de estadísticas. Habló de gritos. De cuerpos famélicos. De niños que mueren en brazos de madres que no pueden ofrecer ni pan ni esperanza. Habló, sobre todo, de la impunidad de quienes se enriquecen con ese sufrimiento.







“QUEMAR CAMPOS Y BLOQUEAR AYUDA YA ES ESTRATEGIA MILITAR”

“El hambre ya no es solo una consecuencia de la guerra. Es una herramienta. Una estrategia calculada. Un frente invisible que no estalla en bombas, pero sí en estómagos vacíos y cadáveres anónimos”, dijo León XIV, en uno de los tramos más crudos de su intervención.


Allí denunció cómo grupos armados civiles queman cultivos, bloquean convoyes humanitarios y roban ganado con el objetivo de someter a poblaciones enteras.


“Los primeros blancos de ataque son hoy los sistemas de agua y las rutas de acceso. Allí donde antes se lanzaban misiles, hoy se siembra desnutrición”, advirtió el Santo Padre. Lo hace mientras —añadió— “las cúpulas políticas engordan de corrupción y los inocentes mueren de inanición”.

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“YA NO HAY EXCUSAS: HAY QUE PASAR DE LAS PALABRAS A LOS HECHOS”

Para León XIV, los compromisos de las naciones suenan huecos si no se transforman en acción concreta. Recordó que desde 1945, cuando se fundó la FAO, el mandato fue erradicar el hambre. Y sin embargo, el hambre sigue aquí. Más cruel, más político, más rentable.


“La seguridad alimentaria mundial no deja de deteriorarse”, alertó, acusando a la comunidad internacional de caer en la era de “los eslóganes vacíos y las promesas embaucadoras”.


Su llamado fue tajante: “Hay que perseguir y sancionar a quienes usan el hambre como arma”. Porque mientras las potencias dedican millones al comercio de armas, desvían recursos financieros y tecnología que podrían servir para alimentar, cuidar, sanar.



LA IGLESIA, LA VOZ DE LOS MUEREN EN EL SILENCIO

“El hambre es un escándalo global y un pecado estructural”, remarcó el Obispo de Roma, alineando su mensaje con las palabras de Cristo: “La clave para derrotar el hambre está más en compartir que en acumular”.


La Iglesia —recordó— no mira desde una torre. Está entre los pobres, entre los que lloran sin voz. Y su deber es señalar, denunciar y actuar.

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CAMBIO CLIMÁTICO, CORRUPCIÓN Y GUERRA: UN CÓCTEL LETAL

El Papa también cruzó a los gobiernos por su falta de planificación climática. Denunció que la pérdida de biodiversidad y los desastres naturales están empeorando el acceso a la alimentación, afectando sobre todo a pueblos indígenas y comunidades rurales que dependen de la tierra para subsistir.


El llamado es a una “transición ecológica justa”, donde la prioridad no sea el capital, sino la vida. “Sin paz, no habrá alimento. Sin justicia, no habrá desarrollo. Y sin acción climática decidida, no habrá futuro”, sentenció.



EL PAPA DE LOS OLVIDADOS

Este mensaje marca un antes y un después. León XIV no quiere ser un papa de salones. Quiere ser el grito de los que mueren sin ser noticia. De los que no tienen voz en la ONU ni en las cumbres del G7. De los que, en palabras suyas, “son olvidados incluso por quienes deberían tener como emblema la solidaridad inquebrantable”.


Y concluyó con una plegaria: “Que los trabajos de la FAO sean colmados de frutos y redunden en beneficio de los desvalidos y de toda la humanidad”.


En medio de un mundo que convierte la miseria en táctica militar, el Papa encendió un faro: quien usa el hambre como arma, declaró la guerra no solo a la humanidad… sino también a Dios.



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