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EL PAPA LANZA UN DESAFÍO QUE SACUDE A LOS CRISTIANOS

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 6 minutos
  • 4 Min. de lectura
León XIV lanzó un mensaje directo para todos los cristianos: la paz no empieza en los gobiernos ni en las guerras, sino en el corazón de cada persona.
El Papa celebra la Eucaristía en la parroquia Santa María de la Presentación, en la periferia de Roma, durante su visita pastoral en el III domingo de Cuaresma. En su homilía invitó a los fieles a redescubrir el encuentro con Cristo como fuente de vida nueva y recordó que todos los bautizados están llamados a convertirse en constructores de paz, reconciliación y esperanza en medio de un mundo herido. (Fotografía: Vatican Media)
El Papa celebra la Eucaristía en la parroquia Santa María de la Presentación, en la periferia de Roma, durante su visita pastoral en el III domingo de Cuaresma. En su homilía invitó a los fieles a redescubrir el encuentro con Cristo como fuente de vida nueva y recordó que todos los bautizados están llamados a convertirse en constructores de paz, reconciliación y esperanza en medio de un mundo herido. (Fotografía: Vatican Media)

La escena no ocurrió en el Vaticano ni en una gran catedral histórica. Fue en una parroquia sencilla de la periferia de Roma, donde León XIV celebró la misa del tercer domingo de Cuaresma. Pero lo que dijo allí resonó con una fuerza que va mucho más allá de ese pequeño barrio.


Ante fieles, familias, niños de catequesis, voluntarios y ancianos, el Pontífice dejó un mensaje claro y directo: cada cristiano está llamado a convertirse en un constructor de paz y reconciliación.


No fue una homilía abstracta.


Fue un llamado concreto a transformar la vida cotidiana.









UNA IGLESIA QUE DEBE ABRAZAR A LOS HERIDOS

Durante su visita pastoral a la parroquia Santa María de la Presentación, una de las últimas etapas de su recorrido cuaresmal por las iglesias de Roma, León XIV quiso mostrarse cercano a la realidad de las periferias. Lugares donde conviven la esperanza, la pobreza, la marginalidad y los sueños de quienes buscan un futuro mejor. “Sé bien que su comunidad vive desafíos difíciles”, reconoció el Papa.


Habló de familias que esperan una casa, de jóvenes que buscan trabajo y de adolescentes que muchas veces crecen rodeados de mensajes peligrosos. “Algunos —advirtió— corren el riesgo de ser engañados por vendedores de muerte o de perder la esperanza en el futuro”.


Sin embargo, su mensaje no fue de pesimismo. Todo lo contrario.




LA HISTORIA DE LA SAMARITANA QUE CAMBIÓ TODO

Para explicar su mensaje, el Papa tomó como punto de partida el Evangelio del día: el encuentro entre Jesús y la mujer samaritana en el pozo. Una historia que, según explicó, no habla solo del pasado. Habla de nosotros. “La sed de vida y de amor de la samaritana es nuestra sed”, afirmó.


Es la sed de la humanidad entera, que busca sentido, esperanza y amor incluso cuando no sabe exactamente qué está buscando.


La mujer había ido al pozo al mediodía, una hora poco habitual. Probablemente buscaba evitar las miradas de quienes la juzgaban por su historia personal.


Pero Jesús no la evita. La espera.









EL DIOS DE LAS SORPRESAS

Ese encuentro inesperado revela algo profundo sobre Dios.


Jesús rompe los prejuicios, se acerca a la mujer y le ofrece algo mucho más grande que el agua del pozo. “Si conocieras el don de Dios”, le dice.


Le ofrece el agua viva que nace del corazón de Dios, capaz de saciar toda sed espiritual.

Ese momento cambia la historia de la samaritana.


La mujer que llegaba con vergüenza se transforma en testigo. La que evitaba a su pueblo termina corriendo hacia él para anunciar lo que ha vivido.


“Quien estaba llena de vergüenza —explicó el Papa— ahora está llena de alegría”.




EL ENCUENTRO CON JESÚS QUE TRANSFORMA LA VIDA

Para el Obispo de Roma, este episodio muestra una verdad profunda del cristianismo: el encuentro con Cristo no deja a nadie igual. Transforma. Renueva. Y convierte a cada creyente en una fuente para los demás.


Por eso recordó que todos los cristianos, desde el Bautismo, han recibido esa misma gracia: una “agua nueva” que limpia el corazón y despierta una vida distinta.


Pero esa gracia no puede quedarse encerrada en la intimidad. Debe convertirse en misión.









UNA IGLESIA QUE NO CONDENA, SINO QUE ACOMPAÑA

El Papa explicó que las parroquias deben convertirse en lugares donde las personas heridas puedan encontrar acogida. “Una Iglesia —dijo— que, como una madre, cuida de sus hijos sin condenarlos”.


Escuchar. Acompañar. Sostener. Ese es el camino de la reconciliación.


Durante su visita, también compartió momentos cercanos con los niños del catecismo y los jóvenes de la parroquia. A ellos les dirigió un mensaje muy claro: rechazar la violencia y abrir el corazón a Jesús.


El Pontífice abrazó a enfermos, ancianos y voluntarios que trabajan en la comunidad.

A estos últimos les agradeció su servicio con palabras que conmovieron a muchos.

Son —dijo— el signo visible del amor de Dios por los más vulnerables.


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LA PAZ EMPIEZA EN EL CORAZÓN

Al final de su homilía, el Papa dejó una invitación que resume todo su mensaje.


Cada cristiano está llamado a ser testigo del Evangelio en su propia vida: en la familia, el trabajo, la comunidad.


Porque la paz —insistió— no nace primero en los grandes acuerdos políticos. Nace en el corazón. Y se construye cada día con gestos concretos de reconciliación.


Por eso concluyó con una exhortación llena de esperanza: “Avancen con confianza”.


Porque, recordó, Dios siempre camina con nosotros. Y quienes se encuentran con Cristo pueden convertirse —también ellos— en constructores de paz en un mundo sediento de reconciliación.

EL PAPA LANZA UN DESAFÍO QUE SACUDE A LOS CRISTIANOS

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