EL PAPA LANZA UN MENSAJE QUE SACUDE A LA PLAZA SAN PEDRO: “JESÚS ES LA RESPUESTA DE DIOS A NUESTRA SED”
- Canal Vida

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El Papa recordó una verdad que atraviesa siglos: el corazón humano tiene sed de algo que el mundo no puede dar. Y aseguró que solo un encuentro puede saciarla.

La plaza de San Pedro volvió a convertirse este domingo en un océano de fieles. Bajo el cielo de Roma y frente a miles de peregrinos reunidos para el rezo del Ángelus, León XIV pronunció una frase que resonó con fuerza en el corazón de la Iglesia: “Jesús es la respuesta de Dios a nuestra sed”.
No era una metáfora cualquiera.
El Pontífice hablaba de una sed profunda, invisible, silenciosa: la sed espiritual que atraviesa a millones de personas en el mundo.
Y la respuesta —según explicó— no es una teoría ni una idea. Es una persona.
Jesucristo.
Desde el balcón del Palacio Apostólico, el Sucesor de Pedro meditó sobre uno de los episodios más intensos del Evangelio: el encuentro entre Jesús y la mujer samaritana en el pozo. Una escena que, desde los primeros siglos del cristianismo, acompaña el camino espiritual de quienes se preparan para el Bautismo en la Pascua. Pero dejó claro que esa historia no es solo para los catecúmenos, también es un llamado para todos.
“Estas grandes páginas del Evangelio —recordó— ayudan a convertirse en cristianos o, si ya lo somos, a serlo con mayor autenticidad y alegría”.
El mensaje es simple, pero poderoso. En un mundo donde muchas personas buscan llenar su vida con éxito, dinero, poder o reconocimiento, el Santo Padre recordó que existe una sed que nada de eso puede apagar. Solo Cristo.
“El encuentro con Él —explicó— activa en lo profundo de cada uno un manantial que brotará hasta la vida eterna”.
Y entonces citó una frase que estremeció a muchos presentes. Las palabras pertenecen a Etty Hillesum, una joven judía asesinada en Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial. En su diario escribió algo que el Obispo de Roma retomó como una imagen espiritual de nuestro tiempo: “A veces ese manantial me es accesible… pero otras veces hay piedras y escombros que lo tapan y entonces Dios está enterrado. Hay que desenterrarlo de nuevo”.
Para el Papa, esa es precisamente la tarea espiritual del ser humano. Liberar el corazón: “Queridos hermanos no hay energía mejor empleada que la que dedicamos a liberar el corazón”.
Por eso, explicó, la Cuaresma es un tiempo especial. No un período triste o rutinario, sino una oportunidad para volver a buscar la fuente verdadera.
Pero el mensaje del Pontífice fue aún más lejos. Al comentar el Evangelio, recordó que incluso los propios discípulos de Jesús se sorprendieron al verlo hablar con una mujer samaritana. En aquella época, las barreras culturales y religiosas eran enormes.
Sin embargo, Jesús rompió esos límites. La escuchó. La miró. La trató con dignidad.
Y ese encuentro cambió su vida.
La mujer samaritana —una figura despreciada en su tiempo— terminó convirtiéndose en la primera evangelizadora de su pueblo. Gracias a su testimonio, muchos habitantes de su aldea salieron al encuentro de Jesús y comenzaron a creer.
Para el vicario de Cristo, ese episodio revela algo profundo sobre la misión de la Iglesia hoy. “¡Cuántas personas buscan en la Iglesia esa misma delicadeza, esa disponibilidad!”, exclamó.
En otras palabras: hay un mundo entero sediento de sentido, de verdad y de justicia.
Y espera encontrar en la Iglesia un rostro humano, cercano, capaz de escuchar.
El Pontífice recordó también que Jesús mismo llegaba a olvidar comer cuando estaba ocupado tocando el corazón de las personas. Su alimento —dijo— era cumplir la voluntad del Padre.
Antes de concluir el Ángelus, León XIV lanzó un llamado que resonó con fuerza en la plaza.
“No es tiempo de oposiciones entre un templo y otro, entre ‘nosotros’ y ‘los otros’”.
Dios —explicó— busca adoradores verdaderos: hombres y mujeres de paz que lo adoren “en espíritu y en verdad”.
Finalmente, invitó a todos los fieles a pedir la intercesión de la Virgen María para poder servir a la humanidad con la misma actitud de Jesús. Porque el mundo —insistió— sigue teniendo sed. Y la fuente sigue abierta.
EL PAPA LANZA UN MENSAJE QUE SACUDE A LA PLAZA SAN PEDRO: “JESÚS ES LA RESPUESTA DE DIOS A NUESTRA SED”



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