top of page

El Futbolista que Dejó la Fama para Seguir a Cristo

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 12 oct
  • 4 Min. de lectura
Abandonó los millones, la fama y los aplausos… para entregarse a Dios. Philip Mulryne, exestrella del Manchester United, cambió los estadios por el silencio de un convento. Hoy, como sacerdote, predica la paz que nunca encontró en el dinero ni en el éxito.
Philip Mulryne
Philip Mulryne fue una de las jóvenes promesas del Manchester United, pero su vocación estaba en otro lado.

Durante años, el nombre de Philip Mulryne resonó en los estadios más prestigiosos de Inglaterra. Formado en las divisiones juveniles del Manchester United, compartió vestuario con leyendas como David Beckham y Ryan Giggs, y hasta fue convocado a la selección de Irlanda del Norte, acumulando 27 partidos internacionales.


Pero un día, cuando su carrera prometía aún más gloria, decidió hacerlo impensable: dejar el fútbol profesional, la fama, los flashes… y abrazar el silencio de un convento.


La prensa británica lo llamó “el futbolista que cambió los Ferraris por la fe”. Y no era exageración. Mulryne ganaba decenas de miles de libras a la semana, poseía autos de lujo y vivía rodeado de privilegios. Sin embargo, detrás de esa vida perfecta, algo en su interior se derrumbaba. “Tenía todo lo que un joven podía desear —confesó años después—, pero sentía un vacío que no podía llenar con dinero, ni con éxito”.







DE LA CANCHA AL CONVENTO

La historia de Mulryne podría haber terminado como la de tantos deportistas: riqueza, excesos y olvido. Pero Dios tenía otros planes. Después de lesiones y desilusiones que lo alejaron de la élite futbolística, su vida comenzó a girar hacia una búsqueda más profunda. A través de amigos y del contacto con sacerdotes, descubrió que el llamado de Cristo lo perseguía desde su juventud.


“Encontré una alegría que el mundo no puede dar. No niego que el fútbol me hizo feliz, pero esa felicidad terminaba con el pitido final. La alegría de servir a Cristo, en cambio, no se acaba nunca.” (Philip Mulryne)

En 2009, tras años de discernimiento, ingresó al seminario de los dominicos —la Orden de Predicadores fundada por santo Domingo de Guzmán— y dejó atrás definitivamente los estadios. El hombre que alguna vez fue una celebridad en los titulares deportivos comenzó a estudiar teología, filosofía y espiritualidad. Su nuevo uniforme ya no era la camiseta roja del United, sino un hábito blanco y una vida de oración.


“Cuando jugué en el Manchester, pensaba que la felicidad estaba en la fama. Hoy sé que la verdadera alegría está en el servicio y en el amor de Cristo”, dijo al ser ordenado sacerdote.

casa betania
ORDENADO SACERDOTE: EL DÍA QUE CAMBIÓ TODO

El 8 de julio de 2017, en una ceremonia profundamente emotiva en Belfast, el arzobispo Noel Treanor impuso las manos sobre su cabeza y lo ordenó sacerdote de la Orden Dominicana.Ese día, el exfutbolista se convirtió en el Padre Philip Mulryne op.


La escena fue tan simbólica como impactante: el joven que alguna vez levantó trofeos y fue idolatrado por multitudes, ahora se arrodillaba humildemente frente al altar, prometiendo pobreza, castidad y obediencia.


El aplauso de los fanáticos había sido reemplazado por el silencio reverente de la liturgia.“Mi vida tenía mucho ruido —recordó—. En el convento encontré la paz que siempre busqué”.


Philip Mulryne
Momento de la ordenación, el arzobispo impone sus manos sobre Mulryne.
EL CONTRASTE ENTRE DOS MUNDOS

Su historia es el retrato de una contracultura en tiempos de culto al ego y al dinero. Mientras miles sueñan con alcanzar la fama, él decidió abandonarla. Pasó de hoteles cinco estrellas a celdas austeras, de las cámaras de televisión a los rezos del rosario. Y, paradójicamente, fue ahí donde su rostro volvió a los titulares, pero esta vez, como testimonio de conversión.


El padre Philip vive hoy en una comunidad dominica donde sirve como predicador y guía espiritual. Dedica sus días a la enseñanza, la dirección de retiros y la confesión. Lejos de los estadios, su misión ahora es mucho más profunda: ganar almas para Dios.


“Encontré una alegría que el mundo no puede dar —confiesa—. No niego que el fútbol me hizo feliz, pero esa felicidad terminaba con el pitido final. La alegría de servir a Cristo, en cambio, no se acaba nunca”.

Pedro Kriskovich
DEL ÉXITO A LA ENTREGA TOTAL

El paso de Mulryne del lujo a la humildad recuerda las palabras del Evangelio: “No se puede servir a Dios y al dinero” (Mt 6,24). Cuando se le preguntó si alguna vez extrañó su antigua vida, su respuesta fue tan simple como contundente: “No cambié de carrera… cambié de meta. Antes jugaba para ganar trofeos, ahora juego para ganar almas”.


Esa frase, hoy viral en redes sociales, resume el espíritu de un hombre que lo dejó todo para abrazar lo eterno.


Philip Mulryne
Atrás quedaron los partidos y los estadios multitudinarios, hoy la vida del padre Philip pasa por la ayuda comunitaria, su celda y la contemplación.
UN TESTIMONIO QUE INSPIRA AL MUNDO

La historia del `padre Philip Mulryne no sólo inspira a deportistas, sino a cualquiera que busque un sentido más allá del éxito. En un tiempo donde la ambición domina, su renuncia se alza como una rebelión santa. Muchos lo llaman “el sacerdote de los estadios”, y sus homilías, transmitidas por internet, reúnen a miles de personas en todo el mundo.


Desde el púlpito, el exjugador recuerda a sus antiguos compañeros y seguidores que “el dinero no es malo, pero cuando ocupa el lugar de Dios, destruye el alma”. Su historia es una invitación a mirar más allá del brillo efímero y a descubrir que la verdadera victoria se juega en el interior del corazón.

gin
DEJÓ LOS MILLONES, ENCONTRÓ LA PAZ

Hoy, en lugar de goles, siembra fe. En vez de estadios, llena templos. Y en lugar de fanáticos, tiene fieles que lo escuchan con lágrimas en los ojos.


El futbolista que cambió los flashes por el Evangelio se convirtió en un símbolo viviente de que la santidad también puede brotar desde el ruido del mundo. Su testimonio rompe el paradigma del éxito moderno y nos recuerda que, al final del partido, solo una meta importa: llegar al cielo.



📖También te puede interesar:



Comentarios


bottom of page