El Exorcismo del Siglo: Cuando el Diablo Habló en Latín
- Canal Vida

- 14 oct
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Actualizado: 16 oct
Un grito en latín estremeció a todos los presentes. La voz no era humana. Era el infierno hablando… y la fe respondiendo. Basado en archivos reales, este exorcismo fue llamado por muchos: “El Exorcismo del Siglo”.

Un grito emergió de lo invisible, resonó en latín antiguo, y heló el alma de quienes asistieron. Un exorcismo tan estremecedor que trascendió paredes de iglesias y llegó hasta el Vaticano. Aunque lejos de ser mito, su relato es sobrecogedor: el demonio habló, el sacerdote respondió y la Iglesia aprendió una verdad oculta: la lucha espiritual sigue viva en el mundo moderno.
EL PADRE AMORTH Y LOS RITOS ANTIGUOS
El exorcista más famoso de los siglos recientes fue el sacerdote italiano Gabriele Amorth (1925-2016), nombrado exorcista oficial de la diócesis de Roma. Afirma haber realizado decenas de miles de exorcismos en su vida.
En varios de sus relatos, narra cómo durante los ritos usaba fórmulas en latín —de los antiguos libros como el Rituale Romanum— para reprender al demonio: expresiones como “Exorcizo te, immundissime spiritus” (“te exorcizo, espíritu inmundo”) aparecen en sus memorias.

CUANDO EL DEMONIO HABLÓ EN LATÍN
Durante un ritual en una villa italiana, un sacerdote autorizó el exorcismo de una mujer entregada por su familia. Según Amorth y testigos, la posesión fue profunda. En un momento de la ceremonia, la mujer —o la entidad que la poseía— comenzó a emitir palabras en latín monumental: “Templi me expellat… Fuge, creatura vana… Audi, sacerdos, verba mea”.
El tono era fuerte, claro, con una voz que no parecía humana: resonaba como eco de fuego y oscurecimiento. Los escuchas quedaron paralizados.

El sacerdote, armado de santiguos y himnos, respondió también en latín: “In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti, exorcizo te, inimice”.
Se dice que el demonio replicó con insultos, con blasfemias en latín ranciamente mezclado con lenguas desconocidas, fragmentos arcanos, y amenazas de destrucción.
La mujer sacudía su cuerpo con violencia, convulsionaba, se enfrentaba a cruces, vomitaba imposiciones, pronunciaba nombres oscuros. El ritual duró horas. Sólo cuando el sacerdote persistió con confianza y auxilio de reliquias, el griterío cesó.

¿QUÉ DIJO EL DEMONIO?
Los archivos de Amorth y otros exorcistas relatan que la entidad habló de:
Castigos por la infidelidad del mundo.
Acusaciones contra sacramentos y sacerdotes que dudaban.
Nombres secretos de demonios caídos, que parecían querer rememberarse en el ritual.
Amenazas contra la Iglesia, diciendo: “Caed omnes, ecce me regnabo” (“Caed todos, he de reinar”).
Burlas sobre fe débiles y hogares sin oración.
Los pasajes en latín otorgaban solemnidad y misterio, al punto que los concurrentes sintieron que no veían solo un ritual humano, sino una batalla entre realidades invisibles.
LA RESPUESTA DEL SACERDOTE: FE, FIRMEZA Y HUMILDAD
El sacerdote encargado era un hombre de vida piadosa, acostumbrado a la oración continua. Con voz firme, repitió conjuraciones, invocó el Nombre de Jesús, aplicó aceite bendito, usó una cruz de metal y gritó: “Sancte Michael Archangele, defende nos in proelio…”.
Se alega que el demonio intentó interrumpirlo, provocó temblores en el suelo, sacudió la estructura de la iglesia. Pero el sacerdote no cedió. Con auxilio de sacerdotes auxiliares, recitó salmos, letanías y el responso en latín: “Dominus vobiscum… Veni Sancte Spiritus…”.
Cuando finalmente la voz de la entidad se apagó, la mujer cayó al suelo y quedó sin aliento. Lloraba, murmuraba oraciones, y con esfuerzo dijo: “Jesús… perdón”.

APRENDIZAJES PARA LA IGLESIA
Este episodio estremecedor dejó enseñanzas profundas:
1. El latín como instrumento potente
El uso del latín no es novedad, pero rezar en esta lengua ancestral trae solemnidad, unidad litúrgica y cierta protección, porque las invocaciones antiguas tienen “peso espiritual”.
2. No subestimar la realidad demoníaca
La Iglesia reafirma que hay realidades que trascienden lo psicológico. El De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam, documento oficial, insiste en distinguir enfermedades mentales de posesiones reales.
3. La formación espiritual del exorcista
Solo sacerdotes con gran equilibrio psicológico, vida de oración, humildad y obediencia deben enfrentarse a estas tareas. Amorth siempre enfatizaba que un exorcista no debe buscar fama ni sensacionalismo.
4. La colaboración científica
Hoy, la Iglesia insiste que antes de declarar una posesión, hay que descartar causas médicas o psicológicas. El exorcismo es el último recurso.
5. El poder de la fe comunitaria
En muchos relatos, el apoyo de la comunidad orante, el ayuno y la consagración fueron claves para liberar al poseído. No es batalla solitaria.
LA SOMBRA QUE NO SE APAGA
Cuentan que después de ese exorcismo escalofriante, el sacerdote cerró la iglesia con la sensación de que lo invisible no había sido vencido del todo. Que esa entidad quizá esperaba la siguiente hora débil para volver.
Pero también supo algo más: en el silencio que siguió, se oyó un murmullo interior, un eco espiritual: fe es más fuerte que miedo. El infierno puede hablar, pero la fe habla más alto.










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