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No Te Acerques al Altar si Hacés Esto: El Detalle que Muchos Ignoran

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 9 horas
  • 3 Min. de lectura
Hay un gesto silencioso que muchos repiten cada domingo sin darse cuenta… y que puede vaciarlo todo. No es un pecado visible, pero sí una advertencia espiritual antigua. El altar no se pisa sin consecuencias interiores.
No Te Acerques al Altar si Hacés Esto: El Detalle que Muchos Ignoran
Antes del altar, no todo silencio es oración: hay gestos invisibles que deciden si el encuentro será gracia… o advertencia.

No aparece en los carteles. No se anuncia desde el ambón. No figura en ningún “manual rápido” para ir a misa. Pero está ahí. Y es decisivo.


La Iglesia enseña —desde los Padres hasta hoy— que el altar no es un escenario, ni un trámite, ni un punto de paso. Es el lugar donde el cielo toca la tierra. Sin embargo, cada domingo, miles de personas se acercan con el cuerpo presente… y el corazón ausente.


Ese es el detalle que muchos ignoran.









El gesto que parece normal… pero no lo es

Entrar a misa apurados. Mirar el celular hasta segundos antes. Pensar en lo que viene después. Arrastrar discusiones, resentimientos, broncas no resueltas. Caminar hacia el altar como quien hace fila en un banco.


Todo eso parece cotidiano. Pero no es espiritualmente neutro.


Jesús fue claro en el Evangelio:

“Si al llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda y ve primero a reconciliarte” (Mt 5,23-24).

No habla solo de un pecado concreto. Habla de la disposición interior.


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El altar no se pisa con cualquier corazón

La tradición cristiana siempre enseñó que el problema no es acercarse indignamente por maldad, sino acercarse distraídamente por costumbre.


San Juan Crisóstomo advertía que el mayor peligro no era el rechazo abierto, sino la indiferencia revestida de rito. San Agustín hablaba del “corazón dividido”: labios que rezan, pero mente y alma en otro lado.


Hoy eso se traduce en algo muy actual:

👉 ir a misa como espectador

👉 participar sin implicarse

👉 cumplir sin escuchar

👉 acercarse al altar sin detenerse interiormente



No es miedo: es reverencia

Este no es un mensaje para asustar. Es una advertencia espiritual sana. Porque el altar no necesita multitudes, necesita verdad. Y la verdad empieza por reconocer cuándo no estamos preparados interiormente, aunque “no estemos en pecado grave”.


La Iglesia nunca enseñó que hay que ser perfecto para acercarse,pero sí enseñó que hay que estar despierto.


El silencio interior —no la ausencia de ruido externo— es la puerta.









El detalle que casi nadie revisa

Muchos se preguntan: “¿Puedo o no puedo?” “¿Está permitido o no?”. Pero pocos se preguntan: “¿Cómo estoy llegando?”.


El altar no rechaza al débil. Pero no se deja tocar por la superficialidad. Acercarse con el corazón cerrado, endurecido, acelerado o lleno de ruido constante vacía el gesto, aunque el rito sea válido.


Por eso la Iglesia insiste tanto en el recogimiento, la pausa, el silencio previo. No es estética. Es preparación.



Una Iglesia que vuelve a recordar lo esencial

En tiempos donde todo es rápido, visible y automático, este detalle vuelve a interpelar:

👉 no todo acercamiento es encuentro

👉 no todo gesto es comunión

👉 no toda presencia es participación


El altar no se “consume”. Se recibe. Y solo se recibe bien cuando uno se detiene, aunque sea por dentro.


Tal vez por eso esta advertencia incomoda. Porque no apunta a “los otros”. Apunta a todos.

Antes de dar un paso hacia el altar, hay una pregunta silenciosa que la Iglesia nunca dejó de hacer: ¿Tu corazón está ahí… o solo tu cuerpo?


Y esa respuesta —aunque nadie la escuche— lo cambia todo.

No Te Acerques al Altar si Hacés Esto: El Detalle que Muchos Ignoran

No Te Acerques al Altar si Hacés Esto: El Detalle que Muchos Ignoran



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