CORRIÓ A SALVAR A UN FELIGRÉS… Y UNA BOMBA TERMINÓ CON SU VIDA
- Canal Vida

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Un sacerdote corrió a salvar a un feligrés herido por un bombardeo… y terminó perdiendo la vida en el segundo ataque. La muerte del padre Pierre El Raii estremece al Líbano y expone el drama humano que la guerra sigue dejando.

La guerra volvió a cobrar una víctima que nadie esperaba.
No fue un soldado. No fue un combatiente. Fue un sacerdote.
El padre Pierre El Raii, párroco maronita de la localidad de Qlayaa, en el sur del Líbano, murió este domingo después de resultar gravemente herido durante un bombardeo. Tenía apenas 50 años.
Su muerte ocurrió en medio de la escalada de ataques que sacuden el país desde hace una semana.
Pero lo que conmueve al mundo no es solo la tragedia. Es cómo murió.
CORRIÓ A AYUDAR… Y LLEGÓ EL SEGUNDO BOMBARDEO
Según relató con voz quebrada el franciscano padre Toufic Bou Merhi, de la Custodia de Tierra Santa, todo ocurrió poco después de las 14:00, hora de Beirut.
Un primer ataque alcanzó una casa cercana a la parroquia del padre Pierre, ubicada en las montañas del sur del país.
Un feligrés resultó herido.
Cuando la noticia llegó al sacerdote, no dudó.
Corrió.
Junto a decenas de jóvenes de la comunidad se dirigió rápidamente al lugar para socorrer al herido.
Era el gesto natural de un pastor. Pero entonces ocurrió lo impensable. Mientras intentaban ayudar, un segundo bombardeo cayó sobre la misma casa.
La explosión alcanzó al sacerdote.
El padre Pierre resultó gravemente herido y fue trasladado de urgencia a un hospital cercano.
No llegó a tiempo.
Murió prácticamente en la puerta del hospital.
UN PASTOR QUE NUNCA ABANDONÓ A SU PUEBLO
El impacto de su muerte fue inmediato.
En Qlayaa, donde los cristianos llevan años resistiendo en medio de tensiones y amenazas constantes, la noticia cayó como un golpe devastador.
“Era un verdadero apoyo para los cristianos de la zona”, explicó el padre Toufic a los medios vaticanos.
Durante años acompañó a la comunidad, especialmente cuando las advertencias de evacuación se multiplicaban y muchos temían abandonar sus hogares.
El sacerdote permanecía allí. Con su gente.
EL DOLOR Y EL MIEDO DE TODA UNA COMUNIDAD
Hoy esa comunidad está de luto. Pero también tiene miedo. Mucho miedo.
Hasta ahora, muchos habitantes de los pueblos cristianos del sur del Líbano habían decidido quedarse, incluso en medio de la guerra.
Abandonar el hogar no es fácil.
Significa dejar atrás la casa, la historia, la tierra.
Y además, en un país golpeado por una profunda crisis económica, muchos simplemente no tienen a dónde ir.
“Dejar el hogar significa vivir en la calle o intentar alquilar una vivienda que no pueden pagar”, explicó el franciscano.
Pero la muerte del padre Pierre cambió algo.
La sensación de vulnerabilidad es ahora total.
UN PAÍS ENTERO EN DESPLAZAMIENTO
La semana pasada ya había sido atacada la casa de otro sacerdote. En aquel momento la comunidad resistió.
Hoy la situación parece distinta. Y el drama humanitario crece.
En el convento franciscano de Tiro, el padre Toufic relata que ya están acogiendo a más de 200 desplazados, todos musulmanes.
En Beirut, las cifras son alarmantes: medio millón de personas han abandonado sus hogares.
Casi 300.000 han huido del sur del Líbano buscando zonas más seguras. Pero la palabra “seguridad” empieza a perder sentido. “Ya no hay seguridad en ningún lugar”, reconoce el sacerdote.
Decenas de miles también han escapado de la región de la Bekaa.
Muchos duermen en coches.
Otros en las calles.
Familias enteras viven con una pregunta que nadie sabe responder: ¿adónde ir?
EL GRITO QUE SALE DESDE EL LÍBANO
Aun así, en medio del caos, el padre Toufic repite una frase que intenta sostener a quienes siguen resistiendo: “La última cosa que no debe morir en nosotros es la esperanza en el Señor”.
Desde el Líbano, el grito que se escucha es uno solo. Un grito simple, pero urgente: Basta de guerra. Basta de violencia.
Porque las armas —como recordó también el Papa— no generan paz. Solo dejan más tumbas.
Y más historias como la del padre Pierre.
CORRIÓ A SALVAR A UN FELIGRÉS… Y UNA BOMBA TERMINÓ CON SU VIDA
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