top of page

LOS REMEDIOS DE LA MENTE AGOTADA: CÓMO SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO ENSEÑÓ A VENCER LA CULPA

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 7 horas
  • 3 Min. de lectura
Hay culpas que no vienen del pecado, sino del miedo. San Alfonso María de Ligorio descubrió que muchas conciencias se enferman creyendo que Dios exige lo imposible. Sus remedios siguen sanando hoy a miles de mentes agotadas.
En el silencio del templo, una conciencia cansada busca descanso: manos que aprietan el rosario como quien se aferra a una certeza olvidada. La culpa pesa, pero la misericordia —aún invisible— ya empieza a abrirse paso.
En el silencio del templo, una conciencia cansada busca descanso: manos que aprietan la cruz como quien se aferra a una certeza olvidada. La culpa pesa, pero la misericordia —aún invisible— ya empieza a abrirse paso.

Hay un cansancio que no se cura durmiendo. No se va con vacaciones, ni con silencio, ni siquiera con oración repetida mecánicamente. Es el agotamiento de la mente que vive acusándose todo el tiempo. El de quien siente que nunca hace lo suficiente, que siempre falla, que Dios —en el fondo— está decepcionado. Ese cansancio tiene nombre antiguo y rostro moderno: escrúpulo.


San Alfonso María de Ligorio lo conoció de cerca. No como teórico, sino como herido. Antes de ser santo, doctor de la Iglesia y patrono de los moralistas, fue un hombre brillante… y profundamente atormentado. Su mente no descansaba. Dudaba de todo. Se examinaba sin piedad. Se confesaba una y otra vez, convencido de que siempre había algo mal. Rezaba, ayunaba, se exigía… y aun así, la paz no llegaba.









IMAGEN DEFORMADA

Hoy, siglos después, ese mismo tormento se repite en miles de creyentes. Personas sinceras, comprometidas, que quieren hacer el bien pero viven atrapadas en una culpa constante. Creen que Dios es un juez implacable que nunca está conforme. Confunden conciencia con ansiedad. Fe con autoexigencia. Santidad con desgaste.


San Alfonso entendió algo decisivo: el escrúpulo no es signo de santidad, sino de una imagen deformada de Dios.



CONFIANZA, VERDAD Y MISERICORDIA

En una época marcada por el rigor y el miedo, se atrevió a decir lo impensable: Dios no se complace en tu tormento interior. Al contrario. Enseñó que una conciencia escrupulosa no necesita más normas, sino más confianza. No más castigos, sino verdad. No más esfuerzo, sino descanso en la misericordia.


CASA BETANIA

SER RAZONABLE

Su remedio fue claro y, todavía hoy, incómodo: obedecer la paz. Para san Alfonso, cuando una duda no puede resolverse con claridad, no hay que seguir hurgando hasta romper el alma. Hay que elegir la opción más razonable… y seguir adelante sin volver atrás. Volver una y otra vez al mismo pecado “por si acaso” no es humildad: es desconfianza en Dios.









LA CULPA

También insistía en algo que hoy suena urgente: no todo sentimiento de culpa viene de Dios. Muchas veces, la culpa es una herida psicológica, una voz interior mal educada, una exigencia aprendida. El santo advertía que el demonio puede disfrazarse de conciencia severa, empujando al alma a la desesperación silenciosa.


San Alfonso enseñó a mirar a Dios no como un fiscal, sino como un padre. Un padre que no mide el amor por rendimiento, ni la fe por perfección. Decía que Dios prefiere una oración pobre pero confiada, antes que una práctica perfecta nacida del miedo. Que una falta reconocida con humildad agrada más que una vida entera vivida bajo terror.


pEDRO kRISKOVICH

ENTREGA A DIOS

Su camino fue sanador: menos obsesión, más verdad; menos control, más abandono. No negaba el pecado, pero negaba que el pecado fuera más fuerte que la misericordia. No relativizaba la moral, pero la colocaba dentro del amor, no del pánico.


A quienes hoy viven con la mente agotada, San Alfonso les diría lo mismo que repetía a sus penitentes: “Dios no quiere tu angustia. Quiere tu confianza”. La fe no fue hecha para aplastar el alma, sino para liberarla. Y cuando la religión enferma, deja de venir de Dios.


Tal vez el mayor milagro de este santo no fue escribir tratados, fundar congregaciones o ser Doctor de la Iglesia. Fue algo más simple y más urgente: devolverle a los corazones cansados la certeza de que Dios no es el enemigo.


Porque, como enseñó san Alfonso María de Ligorio, Dios nunca te pedirá lo que te está destruyendo. Y cuando la fe empieza a sanar en lugar de exigir, el alma —por fin— descansa.

LOS REMEDIOS DE LA MENTE AGOTADA: CÓMO SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO ENSEÑÓ A VENCER LA CULPA

LOS REMEDIOS DE LA MENTE AGOTADA: CÓMO SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO ENSEÑÓ A VENCER LA CULPA

📖También te puede interesar:

Comentarios


bottom of page