La indulgencia diaria: el tesoro espiritual que muchos ignoran (y que la Iglesia ofrece cada día)
- Canal Vida
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Muchos creen que la indulgencia plenaria es un privilegio inaccesible. Pero la Iglesia enseña que puede ganarse cada día, con gestos simples y profundos. Prácticas cotidianas que purifican el alma y alcanzan incluso a las almas del purgatorio.

Durante años se creyó que ganar una indulgencia plenaria era algo reservado a monjes, místicos o grandes peregrinaciones. Pero la enseñanza de la Iglesia es clara —y sorprendente—: la indulgencia puede alcanzarse cada día, con gestos simples que muchos fieles ya realizan sin saberlo.

El Manual de las Indulgencias define la indulgencia plenaria como la remisión total, ante Dios, de la pena temporal por los pecados ya perdonados. Es decir: una purificación completa del alma. Puede ofrecerse por uno mismo o por las almas del purgatorio. Y solo puede ganarse una vez por día.
Para obtenerla, la Iglesia pide tres condiciones básicas, conocidas pero muchas veces olvidadas: confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Papa. Esta última se cumple, por ejemplo, rezando un Padrenuestro y un Avemaría. Una sola confesión puede servir para varias indulgencias, pero cada indulgencia diaria requiere una comunión y una oración por el Santo Padre.
Lo impactante viene después: hay al menos cuatro caminos cotidianos para alcanzarla.
El primero es adorar al Santísimo Sacramento durante media hora. No es una devoción extra: es un encuentro transformador que la Iglesia recompensa con plenitud espiritual.
El segundo es rezar el Rosario en comunidad: en familia, en una parroquia, en una reunión de fieles o incluso uniéndose devotamente al rezo del Papa por medios de comunicación, siempre meditando los misterios.
El tercero es leer la Sagrada Escritura durante al menos treinta minutos, o escucharla con espíritu de oración si no se puede leer.
El cuarto es rezar el Vía Crucis, meditando la Pasión del Señor, incluso adaptado para quienes no pueden desplazarse.
No es un privilegio oculto. Es un regalo ofrecido. La indulgencia diaria está al alcance de quien decide vivir la fe con conciencia. Y quizás, hoy mismo, puedas ganarla.
La indulgencia diaria: el tesoro espiritual que muchos ignoran (y que la Iglesia ofrece cada día)





