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Los Ancianos: El Tesoro Oculto que el Mundo Desprecia y la Santa Sede Exige Defender

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 24 sept
  • 2 Min. de lectura
La Santa Sede estremeció a la ONU: advirtió que el mundo está creando una cultura que desecha a los ancianos como si fueran objetos inútiles. El Vaticano exige respeto, dignidad y políticas concretas antes de que sea demasiado tarde.
León XIV
León XIV, como ya lo hacía Francisco, destaca la importancia de cuidar a los ancianos.

La Santa Sede sacudió al Consejo de Derechos Humanos de la ONU con un mensaje que no dejó indiferente a nadie: los ancianos no son descartables, son el rostro vivo de la dignidad que el mundo intenta olvidar.


El arzobispo Ettore Balestrero, Observador Permanente del Vaticano en Ginebra, lanzó una advertencia dramática: para 2050 habrá casi 3.000 millones de personas mayores, y el planeta no está preparado para este “tsunami demográfico”. Ante esta realidad, planteó una pregunta incómoda: ¿cómo tratamos a quienes han construido el mundo que hoy disfrutamos?



UNA PRUEBA MORAL PARA LA HUMANIDAD

Balestrero no se anduvo con rodeos: “El valor de una persona no se mide por su juventud ni su fuerza física. Cada ser humano conserva su dignidad porque ha sido creado a imagen de Dios”. La declaración retumbó como un martillazo contra la cultura que margina y silencia a los mayores, relegándolos a la soledad, al abandono o, peor aún, a la eutanasia disfrazada de compasión.


El Vaticano denunció la existencia de políticas “desechables”, que presentan a los ancianos como una carga y abren la puerta a una auténtica “cultura de la muerte”. Frente a eso, la Santa Sede exige una revolución de amor y respeto.

Pedro Kriskovich
EL RETO GLOBAL: JUSTICIA Y SOLIDARIDAD INTERGENERACIONAL

El nuncio apostólico señaló que no basta con palabras piadosas. Se requieren pensiones dignas, servicios de salud sólidos y apoyo social concreto. También defendió la protección laboral de los ancianos que aún trabajan, para evitar que sean víctimas de discriminación y explotación.


Las mujeres mayores, insistió, merecen un lugar especial: “Ellas cargan sobre sus espaldas décadas de sacrificio, y demasiadas veces son abandonadas en la pobreza”.



UNA VOZ PROFÉTICA CONTRA EL OLVIDO

El Vaticano fue claro: los ancianos no son un estorbo, son bibliotecas vivientes, guardianes de la memoria y maestros de esperanza. “La sociedad que desecha a sus mayores se suicida moralmente”, subrayó Balestrero.


El mensaje concluyó con un llamado urgente a la solidaridad entre generaciones. La familia —dijo— debe ser el refugio donde los mayores no solo sobreviven, sino brillan como faros de sabiduría.


Hoy, la Santa Sede no habló de estadísticas frías, sino de una verdad ardiente: defender a los ancianos es defender nuestro propio futuro. Si el mundo los olvida, olvidará también el sentido mismo de la humanidad.



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