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León XIV y la Catequesis de la Resurrección: Una Plaza San Pedro que Estalló en Fe

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 1 oct
  • 4 Min. de lectura
La catequesis del Papa estremeció la Plaza San Pedro repleta de fieles: habló de la Resurrección como victoria del amor sobre la traición, mostrando las llagas de Cristo como un mensaje de perdón y paz para un mundo herido.
León XIV
León XIV aseguró que la Resurrección es el triunfo del amor.

Este miércoles la plaza San Pedro volvió a ser el escenario de un momento que quedará grabado en la memoria de los fieles. Ante una multitud que desbordaba las columnas de Bernini, León XIV ofreció una catequesis que no fue simplemente una enseñanza: fue un grito de esperanza.


Puso en el centro de su mensaje la Resurrección de Cristo, y lo hizo con un estilo directo, profundamente humano y, a la vez, lleno de la fuerza sobrenatural que caracteriza a su pontificado.


Con voz serena, pero cargada de emoción, comenzó recordando que la resurrección no fue una revancha ni un ajuste de cuentas contra los enemigos de Jesús, sino la manifestación más clara de un amor que triunfa sobre el odio, la traición y la muerte. Ese fue el punto de partida de una reflexión que caló hondo en los 50.000 peregrinos que colmaban la plaza.







JESÚS NO VOLVIÓ CON VENGANZA, SINO CON PAZ

El Papa sorprendió al insistir en un detalle que parece obvio, pero que tiene un trasfondo profundo: Cristo resucitado no se apareció a los poderosos de Roma, ni a quienes lo condenaron injustamente, ni a los soldados que lo torturaron. Se mostró a sus amigos que lo habían abandonado, y no lo hizo con reproches ni amenazas, sino con un saludo estremecedor: “¡La paz esté con ustedes!”.


Las palabras resonaron como un trueno en el silencio de la plaza. Y lo más impactante fue cuando León XIV subrayó que Jesús mostró sus llagas. No las escondió, no las maquilló, no las borró. Las presentó como prueba de un amor que perdona y como un recordatorio de que la resurrección no borra el pasado, sino que lo transforma en esperanza.

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UN MENSAJE PARA UN MUNDO HERIDO

León XIV fue directo: vivimos en una época en la que las heridas sociales, políticas y familiares marcan el ritmo de la vida cotidiana. Rencores, divisiones, violencias y odios parecieran ser los protagonistas de la historia. Sin embargo, el Papa planteó un contraste brutal: mientras los hombres esconden sus heridas por orgullo, Cristo las exhibe como testimonio de reconciliación.


Allí está la clave de la catequesis: la resurrección no es espectáculo, es perdón. Y ese perdón no es una teoría: es una experiencia real que puede cambiar la vida de cualquiera.


León XIV
Multitud aclama al Papa León XIV.
EL ENVÍO: “COMO EL PADRE ME ENVIÓ, TAMBIÉN YO LOS ENVÍO”

En uno de los momentos más vibrantes de su discurso, León XIV recordó las palabras del Resucitado: “Como el Padre me envió, también yo los envío”. Según el Papa, aquí está el corazón de la misión de la Iglesia: no se trata de dominar ni de imponer, sino de ser testigos de un amor que levanta al caído y sana al herido.


El Pontífice habló de los cristianos como médicos del alma, enviados a un mundo quebrado para llevar la única medicina que puede curar: la paz de Cristo. Y para hacerlo, recordó, Jesús sopló sobre sus discípulos el Espíritu Santo, el mismo Espíritu que hoy sigue encendiendo a la Iglesia.



EL APLAUSO DE UNA PLAZA ENCENDIDA

La multitud estalló en aplausos cuando León XIV, con los brazos abiertos hacia la multitud, exclamó: "No tengan miedo de mostrar sus heridas. No tengan miedo de acercarse a quien vive encerrado en el miedo o en la culpa. Porque allí es donde Cristo resucitado quiere entrar con su paz".


Los peregrinos coreaban su nombre, muchos con lágrimas en los ojos. La plaza, que había estado expectante y en silencio durante el discurso, se convirtió en un clamor de fe. El Papa no hablaba como un jefe de Estado, sino como un padre que conoce las heridas de sus hijos y les señala el camino de la esperanza.

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UNA CATEQUESIS QUE QUEDA PARA LA HISTORIA

El mensaje del Papa León XIV no fue un discurso más dentro del Jubileo 2025. Fue, en palabras de muchos asistentes, una catequesis que sanó corazones. Mientras el mundo parece naufragar en la violencia, la indiferencia y la venganza, el Santo Padre levantó el estandarte de la resurrección como paz y reconciliación.


La Plaza San Pedro fue testigo de algo más que una audiencia general: fue escenario de un Pentecostés moderno, donde el Espíritu Santo pareció soplar nuevamente sobre una Iglesia que necesita redescubrir la fuerza del perdón.


León XIV
En el Aula Paulo XI el Papa saludo a personas con padecimientos físicos.
EL DESAFÍO QUE QUEDA

León XIV no dejó dudas: cada cristiano debe ser hoy un “testigo de las llagas que se transforman en esperanza”. En otras palabras, no esconder nuestras heridas, sino ofrecerlas como lugar de encuentro con la misericordia.


El desafío está lanzado: ¿seremos capaces de vivir como testigos de la resurrección?El Papa ya mostró el camino: un camino de paz, perdón y valentía para anunciar que el amor de Dios es más fuerte que cualquier traición, miedo o fracaso.


La catequesis del Papa León XIV quedará marcada como un faro en este Jubileo 2025: Cristo resucitado no viene con venganza, sino con paz. Y esa paz, en un mundo herido, es el milagro que todos necesitamos.



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