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León XIV Implora la Unidad Antes de que Sea Tarde

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
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El Papa estremeció Estambul con un mensaje que encendió a toda la cristiandad: llamó a reconstruir la unidad que alguna vez existió entre católicos y ortodoxos. Su pedido: “Nunca dejemos de ser hermanos”.
León XIV
León XIV pidió por la unidad. (Fotografía: Vatican Media)

En una de las escenas más conmovedoras de su viaje apostólico, León XIV ingresó este domingo 30 de noviembre en la antiquísima catedral Armenia Apostólica de Estambul, un templo que vio guerras, persecuciones y la fe inquebrantable de un pueblo marcado por la tragedia. Allí, frente al Patriarca Sahak II y a la comunidad armenia, el Pontífice lanzó un mensaje que estremeció a Oriente y Occidente: “Nunca dejemos de considerarnos hermanos. La unidad no puede esperar más”.


El Papa—visiblemente conmovido—recordó el “valiente testimonio cristiano del pueblo armenio”, un pueblo que, durante siglos, sostuvo su fe incluso mientras el mundo los olvidaba. En un gesto cargado de simbolismo, León XIV evocó los encuentros proféticos del pasado: Khoren I con Pablo VI en 1967, Vasken I en 1970. “Desde entonces —dijo— floreció el diálogo de caridad que hoy nos reclama a restaurar una comunión perdida”.

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Pero su mensaje subió de intensidad cuando evocó la herida del año 1054, un corte histórico que dividió a Roma y a las antiguas Iglesias orientales. “Es hora de volver a los primeros siglos y recuperar la unidad que nuestros padres conocieron”, proclamó, llamando a reavivar el espíritu del Concilio de Nicea, cuyo aniversario número 1700 marcó toda la peregrinación.


León XIV hizo temblar la Catedral al recordar que la unidad “no implica absorción, sino intercambio de dones del Espíritu Santo”, e invocó el ejemplo del gran San Nerses Shnorhali, el místico que soñó con ver a las Iglesias reconciliadas.


El Patriarca Sahak II respondió con palabras igualmente fuertes, describiendo al Papa como “brújula moral” para los cristianos perseguidos de Oriente Medio.


Antes de retirarse, dejó su promesa más potente: “Dedicaré mi vida a la santa causa de la unidad cristiana.”


Un compromiso que, desde Estambul, resuena hoy como un llamado urgente al mundo entero.




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