León XIV clama: "La pobreza no es decorado de la Iglesia, es su carne viva"
- Canal Vida

- 13 jun
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En el día de san Antonio, el Papa lanzó un mensaje poderoso sobre los pobres, la esperanza y el rol profético de la caridad. Una advertencia al mundo moderno: la mayor miseria no es la económica, sino espiritual.

En una jornada marcada por la memoria de san Antonio de Padua, León XIV lanzó un llamado tan encendido como urgente: recuperar el verdadero rostro de la esperanza cristiana, y hacerlo a través del pobre.
Con un mensaje divulgado esta mañana, en el marco de la IX Jornada Mundial de los Pobres —que se celebra en noviembre—, el Sumo Pontífice puso el Evangelio en el centro de la escena, y lo hizo con las palabras encendidas de un profeta.
"Los pobres no son una distracción. Son el centro del Evangelio." (León XIV)
“Tú, Señor, eres mi esperanza” (Sal 71,5), comienza el mensaje. Pero lo que sigue no es un consuelo tibio ni una reflexión devocional. Es una sacudida: denuncia la pobreza como consecuencia de estructuras injustas, llama a una conversión pastoral profunda, y exige un testimonio real de caridad: "Los pobres no son una distracción para la Iglesia, son su centro", aseveró.
SAN ANTONIO, DEMASIADO CONOCIDO... Y DEMASIADO OLVIDADO
El mensaje se enmarca en el aniversario de uno de los santos más populares y, paradójicamente, más malinterpretados de la cristiandad: san Antonio de Padua. "Se le busca para encontrar llaves o amores perdidos", dijo el Papa en una referencia indirecta, "pero se lo olvidó como lo que verdaderamente fue: el patrono de los pobres, el predicador implacable de la verdad, el místico del Evangelio".
En ese sentido, León XIV rescató una idea poderosa: el pobre es testigo de una esperanza que no defrauda. Porque no depende de las riquezas ni de los méritos, sino de la certeza de que Dios no abandona. "La pobreza más grave no es la falta de comida. Es no conocer a Dios", sentenció.

UN MUNDO QUE TIEMBLA Y UN EVANGELIO QUE RESISTE
El Papa señaló que las nuevas olas de empobrecimiento no son una casualidad, sino el fruto de una cultura que reemplazó la esperanza por el consumo, la fe por el control, y la caridad por el desprecio. “Hay quienes tienen todo y no creen necesitar nada. Esos están en peligro espiritual. Pero hay quienes no tienen nada... y lo esperan todo de Dios. Esos son nuestros maestros”, afirmó.
"La pobreza más grave es no conocer a Dios." (León XIV)
La esperanza, dijo, no es una “palabra de aliento” sino un ancla. Una certeza. Una resistencia. Un grito que se convierte en acción. "Quien tiene esperanza, actúa. Y quien actúa por el pobre, obra para Dios", señaló

LA IGLESIA NO PUEDE SER INDIFERENTE
En el tramo más fuerte de su mensaje, León XIV subrayó: "Los pobres no son objetos de nuestra pastoral. Son sujetos creativos que nos enseñan a vivir el Evangelio".
Recordó también que cada gesto concreto de amor —una casa de acogida, un comedor, una escuela, un hospital— es un acto de justicia más que de caridad.
Citando a san Agustín, recordó: "Será mejor que no haya a quién darle pan, porque eso significará que todos están saciados". La Iglesia, según el Papa, debe comprometerse no solo en dar limosna, sino en transformar las estructuras que generan miseria.

UN JUBILEO PARA SEMBRAR ESPERANZA
En el contexto del Año Jubilar, que se celebra este año, el Papa pidió que esta jornada no sea un acto simbólico más, sino un punto de inflexión: "Cuando se cierre la Puerta Santa, deberán quedar abiertas muchas otras: las del corazón, las del compromiso, las del Evangelio vivido con radicalidad".
"Ayudar al pobre no es caridad, es justicia." (León XIV)
La invitación fue clara: no esperar reformas externas, sino comenzar por uno mismo. Y hacerlo a la manera de san Antonio, que no acumuló tesoros, sino palabras vivas; que no guardó riquezas, sino que se dio entero.

UN ANUNCIO DE VERDAD EN TIEMPOS DIFÍCILES
Con este mensaje, León XIV no solo rinde homenaje a san Antonio de Padua. Le da voz. Le devuelve su fuego. Y lo hace en un mundo que lo necesita con urgencia.
La Iglesia está llamada a ser pobre para los pobres. A ser voz de los sin voz. A ser esperanza en medio del miedo. Y ese camino, como recordó el Papa, comienza hoy.
En palabras finales, confió esta misión a María, Consuelo de los afligidos: "En ti, Señor, confié. No me veré defraudado para siempre". Que esa esperanza, viva y encendida, sea el nuevo rostro de una Iglesia que se atreve a ser pobre... para ser plenamente de Cristo.









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