top of page

LA FE: LA LUZ QUE NACE CUANDO TODO PARECE OSCURO

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 25 oct 2025
  • 3 Min. de lectura
En un mundo que busca pruebas y certezas, la Fe sigue siendo la más desconcertante de las virtudes: invisible, pero indestructible. Santo Tomás la llamó “el comienzo de la salvación humana”. Hoy, más que nunca, creer es un acto de valentía divina.
Fe
Entre luces doradas y sombras sagradas, la fe se levanta como un fuego invisible que no se apaga. En el silencio de cada alma, Cristo sigue hablando al corazón que se atreve a creer.

En un mundo que busca certezas y garantías, la fe se presenta como un salto al vacío… pero hacia la Luz. No es ingenuidad ni superstición. Es —como decía santo Tomás de Aquino— “un acto del entendimiento que asiente a la verdad divina por mandato de la voluntad movida por la gracia”. En palabras simples: creer no es ciego, es ver con los ojos de Dios cuando los nuestros no alcanzan.


La fe no se compra ni se fabrica. Nace en el alma como una chispa que solo el Cielo puede encender, pero que necesita del hombre para mantenerse viva. “La fe es el comienzo de la salvación humana”, enseñaba santo Tomás, y en esa frase se encierra el mayor misterio: todo empieza cuando uno se atreve a creer.







CUANDO TODO SE DERRUMBA, LA FE PERMANECE

San Juan de la Cruz, el místico del silencio, escribió: “La fe es la única luz en la noche oscura del alma”. Y tenía razón. Cuando los sentidos fallan y la razón se quiebra, la fe no ofrece explicaciones, sino compañía. Es el fuego que no se apaga en medio del hielo del sufrimiento.


Santa Teresa de Ávila decía que la fe no es sentir, sino permanecer. Y el beato Carlo Acutis, el joven de la era digital, repetía con frescura: “Estar siempre con Jesús, ese es mi plan de vida”. Todos, desde distintos siglos, coincidieron en lo mismo: la fe no elimina la duda, la convierte en confianza.

casa betania
DONDE NACE Y CÓMO SE ALIMENTA

La fe nace del encuentro personal con Cristo. No de un libro, ni de una fórmula, sino del temblor que provoca saberse amado. San Agustín lo resumió así: “No buscarías a Dios si Él no te hubiera encontrado antes”. La fe empieza cuando comprendemos que no fuimos nosotros quienes encontramos a Dios, sino Él quien salió a buscarnos.


Pero la fe no crece sola. Se alimenta con la oración, con la Eucaristía, con la Palabra de Dios y con la experiencia concreta del amor. Es una planta delicada que se marchita en la indiferencia, pero florece en el sacrificio. San Francisco de Asís lo vivió con radicalidad: “Allí donde hay fe, hay alegría”. Porque el que cree no teme: camina incluso sobre las aguas del absurdo.


León XIV
La síntesis sencilla que realiza León XIV sobre la fe es estupenda: indica que no tenemos respuestas para todo, pero si tenemos a Jesús.
LA FE QUE MUEVE MONTAÑAS

Jesús lo dijo con una claridad que traspasa los siglos: “Si tuvieras fe como un grano de mostaza, dirías a esa montaña: muévete, y se movería” (Mt 17,20).Esa montaña no es de piedra: es el miedo, el dolor, el pecado, la desesperanza. La fe no cambia las cosas mágicamente: cambia a la persona que las enfrenta.


León XIV, siguiendo el eco de su predecesor Francisco, lo explicó esta mañana con sencillez: “No tenemos todas las respuestas… pero tenemos a Jesús”. Y esa frase es el resumen más puro del Evangelio: la fe no es un manual de instrucciones, es un camino hacia un rostro.

Pedro Kriskovich
EL MILAGRO DE CREER EN TIEMPOS INCRÉDULOS

Hoy la fe parece un acto de rebeldía. Creer en un Dios invisible en una era de pantallas y algoritmos es, en sí mismo, un milagro. Pero quizá por eso mismo la fe tiene más fuerza que nunca: porque no se impone, se elige. Porque no necesita demostrarse, sino vivirse.


León XIV, en una de sus catequesis más recientes, lo resumió así: “Esperar es no saber. No tenemos todas las respuestas. Pero tenemos a Jesús. Y eso basta”.


Y ahí está el secreto de esta virtud teologal que cierra el ciclo de las tres grandes: Fe, Esperanza y Caridad. La Esperanza mira hacia adelante, la Caridad se derrama hacia los demás… pero la Fe es la raíz de ambas. Sin Fe, no hay Esperanza que resista, ni Caridad que florezca.


Creer, al final, es atreverse a amar a un Dios que no se ve, pero se siente en cada respiración. Y como decía santa Teresa de Lisieux, la pequeña flor: “Yo creo en el Amor, y el Amor lo es todo”.



📖También te puede interesar:



Comentarios


bottom of page