¿Está mal brindar sin rezar?
- Canal Vida

- 31 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Mientras millones alzan la copa sin pensar, una pregunta incómoda resuena en la última noche del año: ¿se puede brindar sin rezar? El Papa lanzó un mensaje que incomoda, interpela y obliga a mirar el alma antes de festejar.

A pocos minutos de que termine el año, millones de personas repiten el mismo ritual: mesas llenas, copas en alto, abrazos, brindis, fuegos artificiales. Se desea salud, dinero, amor. Se celebra. Pero hay una pregunta que casi nadie se hace —y que este año volvió a resonar con fuerza dentro de la Iglesia—: ¿qué pasa cuando brindamos sin rezar?
No es una pregunta moralista. No es una condena. Es una interpelación profunda. Y, para muchos, incómoda.
Porque el brindis se volvió automático. Mecánico. Social. Pero perdió algo esencial: la conciencia de que el tiempo es un regalo.
El brindis que se volvió costumbre… y el olvido que se repite
Brindar no es algo malo. Al contrario. En la tradición cristiana, levantar una copa siempre fue signo de agradecimiento, de alianza, de celebración de la vida. Jesús mismo levantó el cáliz.
El problema no es brindar. El problema es brindar como si nada importara.
Como si el año no hubiera dejado heridas. Como si no hubiera errores que reconocer. Como si no necesitáramos perdón.
Y ahí aparece la pregunta que muchos evitan: ¿Se puede empezar un año nuevo sin mirar el corazón?

El silencio que incomoda más que una oración
El Papa León XIV, en su último mensaje del año, no habló de fiestas ni celebraciones. Habló de algo más profundo: poner la vida delante de Dios, agradecer, pedir perdón, volver a empezar.
No fue un reto. Fue una advertencia suave, casi paternal:
“No se trata de sobrevivir al año, sino de vivirlo con sentido”.
Y ahí está el punto. Porque hay quienes brindan con una copa en la mano… pero con el alma agotada. Hay quienes sonríen por fuera, pero cargan culpas no resueltas. Hay quienes festejan, pero hace años que no rezan.
No es pecado brindar… pero sí olvidar a Dios
La Iglesia no condena la alegría. Nunca lo hizo. Lo que cuestiona es la indiferencia espiritual.
Ese gesto tan común de decir “feliz año” sin preguntarse:
– ¿A quién le doy gracias?
– ¿Qué hice con el tiempo que me fue dado?
– ¿A quién herí y no pedí perdón?
– ¿Qué voy a cambiar realmente?
El problema no es la copa. Es el vacío que queda cuando no hay oración.
El gesto que muchos dejaron de hacer
Antes, en muchas familias, el brindis venía después de una oración. Un Padrenuestro. Un agradecimiento sencillo. Una intención por los que ya no están.
Hoy, eso parece pasado de moda.
Y sin embargo, cada vez más personas sienten que algo falta. Que el año empieza, pero el corazón sigue igual. Que el ruido tapa el silencio… pero no lo sana.
Cuando el brindis es una huida
Hay quienes brindan para no pensar. Para no recordar. Para no sentir.
El Papa lo dijo sin rodeos: el ser humano no puede vivir solo de distracciones. Necesita sentido. Necesita esperanza. Necesita reconciliación.
Por eso, el final de año no es solo una fecha: es una oportunidad espiritual.
No se trata de rezar “bien”, sino de rezar de verdad
Nadie pide discursos largos. Nadie exige perfección.
Basta algo simple:
— “Gracias por este año”.
— “Perdón por lo que no hice bien”.
— “Ayudame a empezar de nuevo”.
Eso es rezar.
Eso es abrir el corazón.
Eso es empezar distinto.

Tal vez este año el brindis tenga otro sentido
Tal vez este año no haga falta una copa más llena, sino un corazón más liviano. Tal vez no haga falta prometer tanto, sino confiar un poco más. Tal vez el verdadero comienzo no esté en el reloj… sino en el alma.
Y entonces, sí. Entonces el brindis vuelve a tener sentido.
Porque no se brinda solo por el año que empieza. Se brinda por la oportunidad de volver a empezar con Dios.
¿Está mal brindar sin rezar?
¿Está mal brindar sin rezar?









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