El Silencio que Desapareció de la Iglesia… y Nadie Parece Notarlo
- Canal Vida

- hace 6 horas
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Entrar a una iglesia ya no siempre significa entrar en silencio. Algo sagrado se fue perdiendo sin escándalo ni protestas. Nadie lo prohibió. Nadie lo defendió. Pero sin eso, escuchar a Dios se vuelve cada vez más difícil.

Hubo un tiempo —no tan lejano— en que entrar a una iglesia era entrar en otro mundo. El ruido quedaba afuera. Las voces bajaban solas. Los pasos se volvían lentos. Algo invisible obligaba a callar. No era miedo. No era costumbre. Era silencio. Y ese silencio hablaba.
Hoy, en muchas parroquias, ese silencio ya no está. No se lo expulsó con violencia. Simplemente se fue. Y lo más inquietante no es su ausencia, sino que casi nadie parece notarlo.
CUANDO EL SILENCIO ERA UNA PRESENCIA
Durante siglos, el silencio fue una forma de oración. No un vacío, sino una presencia. San Juan de la Cruz lo llamaba “lenguaje de Dios”. Santa Teresa de Ávila advertía que sin silencio interior no hay encuentro verdadero. Incluso los primeros cristianos entendían que antes de hablarle a Dios, había que escucharlo.
Las iglesias estaban construidas para eso: piedra, altura, penumbra, eco. Todo invitaba a detenerse. El silencio no era incómodo. Era pedagógico. Enseñaba a ordenar el alma.

EL RUIDO QUE LLEGÓ SIN PEDIR PERMISO
No fue un cambio repentino. Fue gradual. Primero, conversaciones en voz alta antes de misa. Después, celulares vibrando. Más tarde, aplausos constantes. Micrófonos siempre encendidos. Canciones sin pausas. Moniciones interminables. Explicaciones para todo.
La intención fue buena: hacer la liturgia “más cercana”, “más comprensible”, “más participativa”. Pero en el camino, algo se perdió. El espacio donde Dios podía hablar sin competir con nada.
Hoy cuesta encontrar un minuto real de silencio, incluso dentro de la misa. Todo está lleno. Todo suena. Todo explica. Todo acompaña. Como si temiésemos el vacío.
¿MIEDO A QUEDARNOS A SOLAS CON DIOS?
El silencio confronta. Obliga a mirarse. Hace emerger heridas, culpas, preguntas. Quizás por eso incomoda. Quizás por eso lo reemplazamos por palabras piadosas, cantos constantes y actividades sin pausa.
Pero cuando la Iglesia se llena solo de ruido, corre un riesgo profundo: que Dios quede tapado por nuestras propias voces.
No es una crítica a las personas. No es nostalgia barata. Es una pregunta espiritual seria:¿sabemos todavía callar delante de lo sagrado?

CUANDO TODO ES MENSAJE, NADA RESUENA
Paradójicamente, cuanto más hablamos de Dios, menos lo escuchamos. El ruido constante anestesia el alma. La fe se vuelve información. La misa, un evento. La iglesia, un salón.
Benedicto XVI advertía que el silencio es condición para la liturgia verdadera. Francisco decía que sin silencio no hay discernimiento. Ambos, desde estilos distintos, señalaron lo mismo: Dios no grita.
En la Biblia, Dios no se manifestó en el terremoto ni en el fuego, sino en “el susurro de una brisa suave”. Pero para oír una brisa, hace falta silencio.
¿DÓNDE SE ESCUCHA HOY A DIOS?
Tal vez Dios sigue hablando. La pregunta es si nosotros seguimos escuchando. En un mundo saturado de estímulos, la Iglesia estaba llamada a ser el último refugio del silencio. Y sin embargo, muchas veces replica el mismo ruido del mundo.
No se trata de volver atrás ni de imponer rigideces. Se trata de recuperar espacios sagrados de silencio, momentos sin palabras, pausas reales donde el corazón pueda respirar. Porque cuando el silencio desaparece, la fe se vuelve superficial. Y cuando nadie lo nota, el problema es aún mayor.
EL SILENCIO NO SE RECLAMA: SE RECUPERA
El silencio no se decreta. Se cuida. Se enseña con el ejemplo. Se vuelve a valorar. Quizás el primer paso no sea cambiar estructuras, sino una decisión personal: entrar a una iglesia y callar. Apagar el celular. Resistir la incomodidad. Permanecer.
Tal vez allí, en ese silencio casi olvidado, Dios siga esperando. No con reproches. No con gritos. Sino como siempre: en silencio.
Y la pregunta queda flotando, incómoda, necesaria: ¿Cuándo fue la última vez que, en una iglesia, escuchaste algo… sin que nadie dijera una sola palabra?
El Silencio que Desapareció de la Iglesia… y Nadie Parece Notarlo
El Silencio que Desapareció de la Iglesia… y Nadie Parece Notarlo









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