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El Santo que Fue Tildado de Exagerado… y Hoy Tiene Razón

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura
Lo llamaron exagerado, extremo, incómodo. Vivió en silencio cuando el mundo gritaba. Hoy, en una cultura saturada de ruido y vacío, las advertencias de este santo olvidado vuelven a incomodar… y a tener razón.
El Santo que tenía razón San Arsenio
Silencio, oración y advertencia: la imagen de un santo contemplativo, envuelto en penumbra, evoca las voces que ayer fueron ridiculizadas y hoy resuenan como una llamada urgente a la conversión.

Durante siglos fue visto como un extremo. Un hombre incómodo. Un santo difícil de imitar. Muchos lo admiraban en silencio, pero otros lo consideraban exagerado, fuera de época, incluso inútil para el mundo. Hoy, en una sociedad ruidosa, hiperconectada y agotada, su mensaje vuelve a golpear con fuerza. Y lo hace como una advertencia.


Se trata de san Arsenio el Grande (354-445), uno de los Padres del Desierto más influyentes del cristianismo primitivo.









El hombre que lo tenía todo… y lo dejó

Arsenio nació en Roma, alrededor del siglo IV. Fue educador de los hijos del emperador Teodosio, uno de los cargos más prestigiosos del Imperio. Cultura, poder, respeto, influencia: nada le faltaba. Pero un día, en medio de ese mundo brillante, escuchó una frase que cambiaría su vida: “Arsenio, huye, calla y ora”.


No fue una metáfora. No fue un consejo espiritual amable. Arsenio tomó esas palabras literalmente. Abandonó Roma, el palacio y su posición, y se internó en el desierto de Egipto. Allí vivió décadas en silencio, ayuno y oración radical.


Para muchos de su tiempo —y también para los nuestros— eso era una locura.


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El silencio que incomodaba

San Arsenio hablaba poco. Muy poco. Cuando lo hacía, cada palabra pesaba. Decía frases que hoy resultarían incómodas incluso dentro de la Iglesia: “Muchas veces me he arrepentido de haber hablado, pero nunca de haber callado”.


Sus contemporáneos lo veían como alguien exagerado, duro, poco flexible. Algunos monjes jóvenes lo consideraban distante, casi inútil para la comunidad. ¿Qué podía aportar alguien que no hablaba, no opinaba, no discutía?


Hoy, cuando vivimos rodeados de opiniones constantes, redes sociales, ruido permanente y exposición continua, esa radicalidad ya no parece exageración. Parece diagnóstico.



Cuando la austeridad parecía fanatismo

Arsenio defendía la modestia, la sobriedad y el sacrificio. No por desprecio al cuerpo, sino por amor a la libertad interior. Dormía poco, comía poco, evitaba distracciones. Para muchos, eso era un exceso espiritual.


Pero el propio Arsenio explicaba su lógica con crudeza: “El monje que ama la comodidad no podrá resistir la tentación”.


En una cultura que promueve el placer inmediato, la autoindulgencia y el bienestar como valores supremos, sus palabras resuenan como una alarma.









Lo que ayer se burlaban… hoy nos interpela

San Arsenio advertía que el alma se pierde no solo por el pecado evidente, sino por la dispersión constante. Por no estar nunca en silencio. Por no escucharse. Por no escuchar a Dios.


Hoy hablamos de ansiedad, vacío existencial, agotamiento emocional, adicciones invisibles. Cambiaron los nombres, pero el problema sigue siendo el mismo. Arsenio lo vio antes. Y por eso parecía exagerado.


Pedro Kriskovich

Un santo que no buscó ser popular

Nunca quiso seguidores. Nunca buscó ser ejemplo. De hecho, huía cuando lo buscaban para pedirle consejo. Y, sin embargo, su figura atravesó siglos. Padres espirituales, monjes, obispos y teólogos lo citaron una y otra vez.


No porque fuera simpático. Sino porque decía la verdad.



La pregunta que deja abierta

San Arsenio no escribió tratados ni dejó teorías complejas. Dejó una vida que hoy interpela más que nunca. Su mensaje no acusa, pero incomoda. No condena, pero desnuda.


En un mundo que grita, él eligió callar. En una cultura que corre, él eligió detenerse. En una sociedad que acumula, él eligió soltar.


Ayer lo llamaron exagerado. Hoy, quizás, lo que incomoda no es su radicalidad…sino que tenga razón.

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El Santo que Fue Tildado de Exagerado… y Hoy Tiene Razón


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