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El Santo que Decía la Fecha de la Muerte… y No se Equivocaba

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 12 horas
  • 3 Min. de lectura
Don Bosco, el sacerdote que hablaba de la muerte a los jóvenes… y los preparaba para la vida eterna.
Don Bosco, padre y profeta del alma juvenil: el santo salesiano aparece dialogando con dos jóvenes, en una escena que refleja su carisma único para leer los corazones, advertir el peligro espiritual y llamar a la conversión con ternura, firmeza y esperanza.
Don Bosco, padre y profeta del alma juvenil: el santo salesiano aparece dialogando con dos jóvenes, en una escena que refleja su carisma único para leer los corazones, advertir el peligro espiritual y llamar a la conversión con ternura, firmeza y esperanza.

Hablar de la muerte siempre incomoda. Pero hablar de la muerte joven incomoda todavía más. Es un tema que la cultura actual evita, tapa o banaliza. Sin embargo, hace más de dos siglos, un sacerdote italiano se animó a mirar a los ojos a los jóvenes… y a decirles algo que nadie más se atrevía: “Te vas a morir pronto. Prepará tu alma”. Y lo más perturbador es que no se equivocaba.


A 210 años de su nacimiento, ocurrido el 16 de agosto de 1815, y cuando el calendario se acerca a los 211 años en 2026, la figura de san Juan Bosco vuelve a estremecer. No solo por su obra educativa monumental, ni por su amor a los jóvenes pobres, sino por un don tan misterioso como inquietante: anunciar la muerte inminente de algunos jóvenes… como un llamado final a la conversión.









UN DON QUE NO ERA AMENAZA, SINO MISERICORDIA

Don Bosco no hablaba de la muerte como castigo. No gritaba, no asustaba, no manipulaba. Al contrario: advertía con ternura, con una mezcla de seriedad y paternidad que desarmaba a quien lo escuchaba.


Los testimonios históricos —recogidos por biógrafos salesianos, cartas y memorias contemporáneas— narran casos concretos en los que Don Bosco se acercó a un muchacho del oratorio y le dijo, casi en voz baja: “Vos no vas a llegar a fin de año. Confesate bien. Arreglá tu alma”.


En algunos casos, los jóvenes se sorprendían. En otros, lloraban. En todos, algo se rompía por dentro. La indiferencia. La soberbia. La ilusión de que el tiempo siempre sobra.


Y luego… ocurría lo impensado: el joven moría, días o semanas después.


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CONVERSIONES DE ÚLTIMO MOMENTO

Lo más impactante no es la predicción. Lo verdaderamente brutal es lo que pasaba antes de la muerte.


Jóvenes alejados, fríos, rebeldes o indiferentes volvían a la confesión, se reconciliaban con Dios, pedían perdón a sus familias, abandonaban vicios, ordenaban su vida espiritual. Algunos recibían la Eucaristía con lágrimas. Otros morían en una paz que descolocaba a todos.


Don Bosco no buscaba crear santos de vitrina. Buscaba salvar almas reales, en un tiempo en el que la mortalidad juvenil era altísima, pero también lo era la desesperanza.









EL TABÚ QUE NADIE QUIERE TOCAR

Hoy, dos siglos después, la muerte joven sigue siendo un tabú. Pero con una diferencia inquietante: ahora se la niega. Se vive como si no existiera. Como si el tiempo fuera infinito. Como si siempre hubiera un “mañana” para arreglar la vida.


Don Bosco rompía esa ilusión con una pedagogía brutalmente amorosa: recordar que la vida es breve… para que valga la pena.


No hablaba de la muerte para paralizar. Hablaba de la muerte para despertar.


Pedro Kriskovich

¿CÓMO SABÍA DON BOSCO?

Los salesianos nunca explicaron este don como algo mágico. Lo describieron como una gracia extraordinaria, ligada a su profunda vida de oración, a su intimidad con Dios y a su misión concreta con los jóvenes.


No lo usaba siempre. No lo exhibía. No lo buscaba. Aparecía en momentos puntuales, cuando estaba en juego la salvación de un alma.


Por eso su figura incomoda incluso hoy. Porque plantea una pregunta que nadie quiere responder: ¿Y si no tuviéramos tanto tiempo como creemos?



UN MENSAJE VIGENTE PARA PADRES Y JÓVENES

A 210 años de su nacimiento, Don Bosco sigue hablando. No desde el miedo, sino desde la verdad. A los jóvenes, les recuerda que la vida no es un juego eterno. A los padres, les grita en silencio que educar también es enseñar a pensar en la eternidad.


Don Bosco no anunciaba la muerte para destruir. La anunciaba para salvar. Y quizá, dos siglos después, su mensaje sea más urgente que nunca: vivir como si cada día importara… porque algún día, de verdad, será el último.

El Santo que Decía la Fecha de la Muerte… y No se Equivocaba

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