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Costa Rica eligió vida: la presidenta católica que desafía la cultura de la muerte

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 3 horas
  • 2 Min. de lectura
Costa Rica inicia una etapa inédita: una presidenta joven, católica y abiertamente provida llega al poder con mayoría absoluta. Su fe, sus decisiones y sus primeras señales políticas ya generan impacto, adhesiones profundas… y una fuerte incomodidad global.
Una bandera en alto, una fe sin esconder y un país expectante. Laura Fernández celebra la victoria rodeada de su gente, en una escena que ya simboliza un giro político y cultural en Costa Rica, donde la vida, la fe y la identidad volvieron al centro del poder.
Una bandera en alto, una fe sin esconder y un país expectante. Laura Fernández celebra la victoria rodeada de su gente, en una escena que ya simboliza un giro político y cultural en Costa Rica, donde la vida, la fe y la identidad volvieron al centro del poder.

Costa Rica amaneció en una nueva etapa política y moral. Con apenas 39 años, Laura Fernández Delgado fue elegida presidenta con casi el 50% de los votos y una mayoría parlamentaria absoluta que no se veía desde hace décadas. No es un dato menor: por primera vez en mucho tiempo, el poder político y el rumbo cultural parecen caminar en la misma dirección. Y esa dirección tiene nombre propio: vida, familia y valores.


Fernández, del partido Pueblo Soberano, no ocultó nunca su fe. Agradeció públicamente “a Dios y al pueblo de Costa Rica”, asistió a misa en la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles el día de las elecciones y se definió sin rodeos como “católica, respetuosa y viviente”. En tiempos donde muchos líderes esconden sus convicciones por cálculo político, ella las puso en el centro del debate.


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Pero el impacto va más allá de los gestos. Su llegada al poder consolida una línea provida clara: defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural. Apoyó la derogación de la normativa de aborto terapéutico que, según denunció, abría “portillos indebidos” para poner en riesgo a los no nacidos. La nueva reglamentación limita el aborto exclusivamente a casos de peligro cierto e inminente para la vida de la madre, reafirmando un principio que incomoda a muchos, pero que millones agradecen: la vida no se negocia.


Su plan de gobierno no se queda en consignas. Uno de sus cinco ejes rectores es explícito: “la vida, la familia y los valores que nos definen como nación”. Cada política pública, promete, será diseñada desde ese criterio. En una región sacudida por leyes abortistas, ideología de género y relativismo moral, Costa Rica aparece hoy como una excepción que interpela.









La Conferencia Episcopal de Costa Rica saludó su elección y pidió oración para que su gobierno logre unir al país, sanar divisiones y proteger a los más vulnerables. No es un detalle: la Iglesia reconoce que gobernar con valores exige más coraje que gobernar con encuestas.


La elección de Laura Fernández no es solo un cambio de gobierno. Es una señal cultural fuerte en América Latina. Mientras muchos países retroceden en la protección de la vida, Costa Rica decidió avanzar. Y lo hizo con una presidenta joven, madre, católica y provida. Para algunos, una provocación. Para otros, una esperanza. Para todos, un hecho imposible de ignorar.

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