El Rockero del Infierno que Rezaba en Secreto
- Canal Vida

- 22 jul
- 4 Min. de lectura
Murió Ozzy Osbourne. El mundo lo conocía como el "Príncipe de las Tinieblas", pero escondía un secreto que pocos sabían: su vínculo profundo con la fe y el miedo al infierno. ¿Fue realmente tan oscuro como parecía?

Cuando el mundo pensaba que lo sabía todo sobre el "Príncipe de las Tinieblas", Ozzy Osbourne dio su última sorpresa: murió hoy, 22 de julio, dejando tras de sí una estela de oscuridad, música... y fe. Porque sí, el hombre que muchos identificaron con el infierno, tenía una cruz en el cuello, una oración en los labios... y más cristianismo en el alma del que el mundo se animó a admitir.
MÁS CRUCES QUE GUITARRAS
No fue en un estadio. No fue con una lluvia de cerveza y distorsión. Fue en una capilla, con cirios encendidos, rosarios entre las manos de sus fanáticos, y una misa fúnebre que nadie esperaba. El “padre del heavy metal”, aquel que mordió murciélagos en el escenario y blasfemó en letras oscuras, partió con una cruz en el bolsillo. Literalmente.
Ozzy Osbourne —nacido como John Michael Osbourne en una familia cristiana, de madre católica, en Birmingham, Inglaterra— jamás renegó completamente de su fe. Y aunque su imagen pública fue construida como la del "rockero poseído", sus declaraciones más íntimas revelaban a un hombre lleno de culpas, oraciones susurradas y una lucha espiritual feroz.
INFANCIA CON CRUCIFIJOS
Criado en una familia obrera, fue educado en el cristianismo desde pequeño. Sirvió de monaguillo, aprendió el Padrenuestro en latín, y su madre, ferviente creyente, llenó la casa de crucifijos.
El pequeño John Michael dormía bajo el retrato del Sagrado Corazón de Jesús. "Siempre creí en Dios", diría décadas después. "Tengo miedo del infierno. No sé si soy un buen cristiano, pero rezo casi todos los días", aseguró.
Esa frase, tan fuera de libreto para un ícono del metal, fue dicha en una entrevista en 2007. Y pasó desapercibida por muchos. Pero hoy, tras su muerte, resuena como una confesión tardía.

EL PACTO QUE NUNCA FUE
Muchos lo acusaron de satanismo. De mensajes ocultos. De adorar al diablo. Pero lo cierto es que Ozzy nunca negó a Dios. Al contrario: le temía.
“Si hay un infierno, probablemente termine ahí. Y eso me aterra”, dijo una vez en su autobiografía.
Esa contradicción —entre el ídolo oscuro y el hombre creyente— fue una constante. Llevaba una cruz colgada al cuello y hacía la señal de la cruz antes de subir al escenario. En sus conciertos, colocaba cruces gigantes entre explosiones y humo. ¿Show? Sí. Pero también, una súplica silenciosa.
"No soy satánico", aclaró más de una vez, e indicó: "No adoro al diablo. Nunca lo hice. Solo soy un artista, un tipo asustado que canta sobre el lado oscuro que todos llevamos dentro".
UNA CONFESIÓN AL BORDE DEL ABISMO
En 2003, durante un accidente de cuatriciclo que casi lo mata, Ozzy pasó tres días inconsciente. Su familia —especialmente su esposa Sharon— pidió oraciones por su vida. Según reveló años después, al despertar, lo primero que hizo fue besar la cruz que llevaba colgada.
"Vi una luz. No fue una visión. Fue más como una advertencia. Como si Dios me dijera: ‘Todavía no’", dijo a un periodista británico.
Ese hecho marcó un antes y un después. Aunque no abandonó el escenario ni su irreverencia, empezó a hablar más de Dios. A visitar iglesias. A apoyar obras de caridad silenciosamente. Incluso donó dinero a una iglesia en Los Ángeles bajo un seudónimo.

¿UN APÓSTOL MODERNO?
¿Se puede amar a Dios desde un escenario lleno de humo, gritos y guitarras eléctricas? ¿Puede un hombre que llevó al límite la provocación haber mantenido encendida la llama de la fe?
San Juan Pablo II decía que “el arte puede ser una vía hacia lo trascendente”. Y tal vez —solo tal vez— Ozzy Osbourne fue un ejemplo brutal de eso. Un hombre que, sin disfrazarse de santo, luchó contra sus demonios reales y espirituales. Y que, al final del camino, murió con una cruz en el corazón.

MURIÓ EL MITO. NACIÓ LA LEYENDA
Hoy, miles lloran su partida. Fans en todo el mundo encienden velas, elevan rezos, cantan sus canciones como plegarias oscuras con alma de redención.
Murió el rockero que todos creían satánico. Pero también murió el hombre que rezaba en secreto. El que besaba su cruz antes de cada concierto. El que creía que, al final, Dios lo perdonaría.
¿Dónde está ahora Ozzy? No lo sabemos. Pero si alguna vez el infierno tuvo su actor más convincente… tal vez el cielo haya ganado un alma que peleó hasta el último acorde.









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