El Papa que Habló con los Muertos: “La Muerte No Gana Jamás”
- Canal Vida

- 2 nov 2025
- 3 Min. de lectura
En una homilía que conmovió hasta las lágrimas, León XIV habló desde un cementerio sobre la victoria del amor sobre la muerte. “No recordamos a los muertos, los esperamos”, proclamó ante miles de fieles reunidos entre cruces y flores.

En el silencio solemne del Cementerio del Verano, entre cipreses que susurran plegarias y lápidas cubiertas de flores, León XIV celebró hoy una misa que estremeció al mundo cristiano.
Su homilía —dedicada a los fieles difuntos— fue más que un discurso: fue un diálogo con los que ya partieron. “Ellos no nos dejaron, solo cruzaron antes el umbral de la eternidad”, dijo con voz firme y serena, mientras el sol se escondía tras las cruces.
“LA MUERTE NO ES EL FIN”
“Los llevamos en la memoria del corazón”, afirmó el Pontífice, mirando los rostros de cientos de familias que lloraban en silencio. Pero enseguida rompió con el tono fúnebre para anunciar un mensaje que pareció desafiar al mismo sepulcro: “La fe cristiana no mira hacia atrás, sino hacia adelante. No recordamos a los muertos, los esperamos”.
El sucesor de Pedro explicó que la verdadera conmemoración de los difuntos no es nostalgia, sino esperanza. “La muerte —dijo— es solo la puerta abierta del banquete eterno. Allí nos esperan los que amamos, en un festín donde la alegría no tendrá fin”.
Las palabras parecían resonar como campanas invisibles entre las tumbas: “Destruirá la muerte para siempre”, recordó citando al profeta Isaías.

EL AMOR QUE ATRAVIESA EL SEPULCRO
En un momento de intensa emoción, el Papa habló del vínculo inquebrantable entre los vivos y los muertos: “La caridad vence la muerte. En el amor Dios nos reunirá junto a nuestros seres queridos”.
Su voz se quebró apenas al pronunciar esas palabras. Luego, miró hacia el crucifijo y agregó: “Caminar en la caridad es anticipar el cielo. Cada gesto de amor que damos es una oración que cruza el abismo entre la tierra y la eternidad”.
A su alrededor, los fieles encendían velas. El viento hacía danzar las llamas, como si los ausentes respondieran con su propia luz.

LA VIDA DESPUÉS DEL ÚLTIMO SUSPIRO
En su homilía, pidió no dejarse seducir por la cultura del vacío ni por la resignación. “El nihilismo —advirtió— es la verdadera tumba del hombre moderno. Pero nosotros no estamos condenados al vacío: hemos sido creados para la eternidad”.
Asimismo, recordó que la resurrección de Cristo cambió el destino humano para siempre. “Jesús abrió un túnel de luz en el corazón de la muerte”, proclamó, mientras su mano señalaba el altar adornado con flores blancas y velas encendidas. “Él nos espera —dijo—. Y cuando lo encontremos, gozaremos con Él y con nuestros seres queridos que nos han precedido”.

UNA HOMILÍA QUE ABRAZA A LOS QUE LLORAN
No hubo frases rebuscadas ni promesas vacías. Hubo consuelo, ternura y verdad. “El dolor permanece, sí —concedió el Papa—. Pero nuestra esperanza no defrauda. En Cristo, hasta las lágrimas tienen sentido”.
Cada palabra se convirtió en bálsamo. Algunas personas sollozaban, otras sonreían con los ojos cerrados, como si escucharan a los suyos desde el cielo.
El mensaje final fue una invitación a transformar el duelo en misión: “Recemos por ellos, pero también aprendamos de ellos. La muerte no nos arrebata lo que amamos, solo lo guarda en Dios hasta el reencuentro”.

EL ECO DE UNA IGLESIA VIVA ENTRE LOS MUERTOS
Cuando la ceremonia terminó, el Papa caminó entre las sepulturas bendiciendo a los presentes. Se detuvo ante una tumba sin nombre y, en silencio, depositó una rosa blanca. Nadie escuchó lo que murmuró, pero todos entendieron el gesto: el pastor hablaba con sus ovejas que ya están en el Reino.
En este 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos, León XIV volvió a recordarle al mundo que la fe no teme a la muerte, porque la muerte —dijo con fuerza— “ya fue vencida por el Amor”.









Comentarios