El Papa advierte: “Que los espejismos del poder no destruyan a la familia”
- Canal Vida

- 28 dic 2025
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Un Ángelus que estremeció la plaza de San Pedro y dejó un mensaje urgente para el mundo.

En una mañana luminosa pero cargada de advertencias, León XIV alzó su voz desde la plaza de San Pedro y lanzó un llamado que resonó como una campana en medio del ruido del mundo moderno: no permitir que el poder, el éxito ni la ambición vacía destruyan el corazón de las familias cristianas.
“Que no se apague la llama del amor en los hogares.” (León XIV)
Era la Fiesta de la Sagrada Familia. Miles de peregrinos escuchaban en silencio mientras el Pontífice evocaba una de las escenas más dramáticas del Evangelio: la huida a Egipto. Un episodio marcado por el miedo, la persecución y el abuso del poder. “Herodes representa al hombre cegado por el miedo a perder su trono”, afirmó el Papa, recordando que el verdadero peligro no está afuera, sino en el corazón que se deja dominar por la ambición.
“La familia es la luz que aún puede iluminar un mundo herido.” (León XIV)
Con palabras firmes y conmovedoras, trazó un paralelismo inquietante con el presente. Hoy —dijo— también existen “Herodes modernos”: la obsesión por el éxito, la riqueza sin límites, el poder sin escrúpulos, el prestigio vacío que deja soledad y destruye vínculos. “Son espejismos que prometen felicidad y terminan robando el alma”, advirtió.

Frente a ese mundo que corre sin detenerse, señaló el camino opuesto: la familia como refugio, escuela de amor y bastión de esperanza. Recordó a José, obediente y silencioso, protegiendo a María y al Niño, y afirmó que en ese gesto humilde se esconde la mayor revolución cristiana: cuidar, amar, permanecer fieles.
“Que no se apague la llama del amor en los hogares”, clamó el Pontífice. Invitó a rezar juntos, a volver a los sacramentos, a recuperar el diálogo, la ternura y la fidelidad cotidiana. “La familia —dijo— es la luz que aún puede iluminar un mundo herido”.
En un tiempo marcado por guerras, divisiones y angustia, el Santo Padre dejó un mensaje claro: la salvación comienza en casa. Allí donde una madre reza, un padre protege y un hijo aprende a amar, Dios sigue actuando en silencio.
Y concluyó con una súplica que resonó como un eco en la plaza: “Que ninguna ambición apague la luz que Dios encendió en el corazón de las familias”.
El Papa advierte: “Que los espejismos del poder no destruyan a la familia”









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