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EL FÚTBOL DE LOS BARRIOS QUE LLEGÓ AL VATICANO

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 3 minutos
  • 2 Min. de lectura
Una liga de fútbol nacida en los barrios más humildes de Rosario llegó hasta el Vaticano. Entre banderines y gorras gastadas, un grupo de jóvenes llevó al Papa una historia de inclusión, fe y lucha contra las adicciones.
EL FÚTBOL DE LOS BARRIOS QUE LLEGÓ AL VATICANO
Responsable del proyecto le explica al Papa León XIV cómo desde el fútbol ayudan a que los niños tengan un futuro mejor.

En medio de discursos diplomáticos y debates globales sobre el futuro del planeta, un gesto simple, nacido en los barrios más pobres de Rosario, logró abrirse paso hasta el corazón del Vaticano. No fue una delegación millonaria ni un club famoso. Fue una liga de fútbol comunitario, hecha de tierra, esfuerzo y esperanza.


Durante el congreso internacional “One Humanity, One Planet”, el papa León XIV recibió a un centenar de jóvenes líderes de distintos continentes. Allí habló con firmeza sobre la dignidad humana y lanzó una frase que resonó en el salón:“No habrá paz mientras descartemos a los débiles y a los pobres”.


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En ese mismo encuentro, el Pontífice recibió un obsequio inesperado: un banderín y una gorra de la Liga Comunitaria de Fútbol, un proyecto social nacido en Rosario que trabaja con niños de barrios humildes. El gesto fue sencillo, pero cargado de significado.


Detrás de esa gorra había una historia de lucha silenciosa. Nueve escuelitas de fútbol, más de 180 chicos entrenando cada semana, y una red de organizaciones que combaten las adicciones y la exclusión social en los sectores más golpeados.


El regalo fue entregado por Ariel Malvestitti, director de la liga, quien llevó hasta Roma el testimonio de cientos de niños que encuentran en la pelota algo más que un juego: una salida, una comunidad, un futuro.









La gorra llevaba tres símbolos: la Liga Comunitaria, la Comunidad Padre Misericordioso y la Familia Grande Hogares de Cristo. Tres nombres que, lejos de los reflectores, sostienen todos los días a chicos que crecieron entre violencia, abandono y consumo.


Antes de despedirse, el Papa dejó una frase que pareció resumir toda la escena:“Sólo quien cuida de los más pequeños puede hacer cosas verdaderamente grandes”.


Así, desde las canchas de tierra rosarinas hasta los salones del Vaticano, el fútbol volvió a demostrar que, cuando se juega con el corazón, puede convertirse en una herramienta de salvación. Porque a veces, la revolución no empieza en los palacios… sino en un potrero.

EL FÚTBOL DE LOS BARRIOS QUE LLEGÓ AL VATICANO



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