EL EMPERADOR QUE PERSIGUIÓ CRISTIANOS… Y TERMINÓ MURIENDO DEVORADO POR GUSANOS
- Canal Vida
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El emperador que quiso borrar a los cristianos del Imperio terminó implorando sus oraciones mientras su cuerpo se consumía en una enfermedad espantosa. La historia de Galerio es una advertencia brutal: el poder humano no siempre tiene la última palabra.

El Imperio Romano parecía eterno. Sus legiones avanzaban como tormentas de hierro, sus emperadores eran tratados como dioses y su poder parecía no tener límites. Pero uno de esos hombres, temido por miles de cristianos, terminó sus días de una forma tan espantosa que incluso los cronistas paganos quedaron estremecidos.
Su nombre era Galerio, uno de los emperadores más duros y crueles contra la Iglesia naciente.
EL HOMBRE QUE QUISO BORRAR A CRISTO DEL IMPERIO
Durante años, fue el cerebro de una de las persecuciones más violentas contra los cristianos. Convenció al emperador Diocleciano de que la fe cristiana era una amenaza para la estabilidad del Imperio.
Bajo su influencia, se dictaron edictos brutales:
Iglesias destruidas.
Libros sagrados quemados.
Sacerdotes encarcelados.
Cristianos obligados a renunciar a su fe o morir.
Para Galerio, los cristianos eran enemigos del orden. Su fe, un peligro. Su esperanza, una amenaza al poder imperial.
Pero la historia tenía preparado un final inesperado.

UNA ENFERMEDAD QUE NADIE PODÍA DETENER
Con el paso de los años, el emperador comenzó a enfermar. No era una dolencia común. Según los cronistas de la época, su cuerpo empezó a deteriorarse de una manera espantosa.
Las heridas no cicatrizaban. El dolor era constante. El olor de su carne en descomposición llenaba las habitaciones. Y lo más impactante: se hablaba de gusanos que salían de sus llagas.
El hombre que había perseguido a miles de cristianos estaba siendo consumido desde dentro, lentamente, sin poder hacer nada.
Los médicos del Imperio no encontraban remedio. Los sacrificios a los dioses paganos no surtían efecto. Ni el poder, ni la riqueza, ni el ejército podían detener aquella enfermedad.
Entonces, el emperador comenzó a sospechar algo que jamás había querido aceptar.
Quizá aquello no era solo una enfermedad. Quizá era un castigo.
EL DÍA EN QUE EL PERSEGUIDOR SUPLICÓ ORACIONES
Desesperado, al borde de la muerte y sin esperanza humana, Galerio tomó una decisión que nadie habría imaginado.
En el año 311, promulgó un edicto que puso fin a la persecución contra los cristianos. Decía que podían reunirse, reconstruir sus templos y rezar libremente.
Pero lo más impactante no fue la libertad religiosa. Fue la razón. El propio documento lo deja claro: el emperador pedía a los cristianos que rezaran por él, para que su enfermedad se detuviera.
El hombre que había mandado a tantos a la muerte ahora suplicaba oraciones. El perseguidor se convertía en mendigo espiritual.

UN FINAL QUE ESTREMECIÓ A TODO EL IMPERIO
Nada pudo salvarlo. Poco tiempo después, Galerio murió en medio de aquel tormento.
Los cristianos de la época vieron en su final una señal terrible: el poder humano no puede contra Dios. Ningún emperador, por más fuerte que sea, puede aplastar la fe sin pagar un precio.
Su historia quedó grabada como una advertencia que atravesó los siglos. El Imperio Romano, con toda su fuerza, no pudo borrar a Cristo. Pero uno de sus emperadores más temidos terminó implorando oraciones a los mismos hombres y mujeres que había perseguido.
UNA LECCIÓN QUE ATRAVIESA LOS SIGLOS
La vida de Galerio recuerda una verdad incómoda para los poderosos: la fe no se destruye con decretos, cárceles ni espadas.
Puede ser perseguida. Puede ser humillada. Puede ser ridiculizada. Pero siempre vuelve a levantarse.
Y a veces, la justicia divina llega cuando nadie la espera… ni de la forma en que nadie se atrevería a imaginar.
EL EMPERADOR QUE PERSIGUIÓ CRISTIANOS… Y TERMINÓ MURIENDO DEVORADO POR GUSANOS
EL EMPERADOR QUE PERSIGUIÓ CRISTIANOS… Y TERMINÓ MURIENDO DEVORADO POR GUSANOS





