EL SANTO QUE VEÍA A SU ÁNGEL CUSTODIO… Y HABLABA CON ÉL TODOS LOS DÍAS
- Canal Vida

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El Padre Pío no solo creía en su ángel custodio: hablaba con él, le pedía ayuda y hasta lo enviaba como mensajero. Su relación con el mundo invisible revela un misterio que muchos olvidaron… pero que podría estar cerca de todos.

Muchos creen en los ángeles. Otros los consideran simples símbolos, figuras poéticas o consuelos infantiles. Pero hubo un hombre que no hablaba de ellos como teoría ni como metáfora. Los trataba como una presencia real, cercana y cotidiana.
Ese hombre fue Padre Pío de Pietrelcina, el fraile capuchino que llevaría en su cuerpo las llagas de Cristo y en su vida una relación misteriosa con el mundo invisible.
Y entre todos esos misterios, uno sobresale por su ternura y su asombro: su amistad con el ángel custodio.
EL NIÑO QUE NO SABÍA QUE LOS DEMÁS NO VEÍAN ÁNGELES
Desde pequeño, el futuro santo comenzó a tener visiones de su ángel guardián, de Jesús y de la Virgen María. Era algo tan natural para él que pensaba que todos los niños podían verlos.
Su madre, sorprendida por lo que decía, entendió con el tiempo que aquel hijo suyo no era como los demás.
Para el joven Pío, su ángel no era una idea abstracta. Era un compañero real. Un amigo. Una presencia constante que lo acompañaba en cada paso.

EL MENSAJERO INVISIBLE QUE LLEVABA CARTAS
Con los años, el fraile se volvió famoso por su santidad, sus confesiones interminables y los milagros que comenzaron a rodear su vida. Miles de personas le escribían cartas pidiendo oración o consejo.
Pero muchas veces él respondía algo desconcertante: “Mandá a tu ángel custodio. Él me lo dirá”.
No era una frase simbólica. Lo decía con absoluta seriedad. Y hay testimonios de personas que aseguraban haber enviado su petición “por medio de su ángel” y luego recibieron respuestas precisas del santo, como si realmente hubiera recibido el mensaje.
Incluso contaba que en ocasiones veía a los ángeles de sus hijos espirituales reunidos a su alrededor, trayéndole intenciones y pedidos de oración.
EL ÁNGEL QUE TRADUCÍA CARTAS EXTRANJERAS
La relación era tan cercana que el propio santo dejó por escrito algo sorprendente: cuando recibía cartas en idiomas que no conocía, su ángel custodio lo ayudaba a entenderlas.
En una ocasión escribió que la misión de su ángel era “más amplia”, porque también debía hacer de traductor.
Para él, el mundo espiritual no era una doctrina abstracta. Era parte de su vida diaria.
JUNTOS CONTRA EL DEMONIO
Pero la vida del Padre Pío no fue solo dulzura y consuelo. También estuvo marcada por combates espirituales terribles.
Relataba ataques físicos y tentaciones del demonio, noches de sufrimiento interior y pruebas que lo dejaban exhausto. En esos momentos, decía que su ángel custodio era su consuelo.
Una vez, tras un ataque del demonio, llamó con desesperación a su ángel y este no apareció de inmediato. Cuando finalmente lo vio, el santo le preguntó por qué no había venido antes.
La respuesta fue inquietante: Jesús permitía esos ataques para hacerlo más semejante a Él en el desierto, en el huerto y en la cruz.
Era el lenguaje de la santidad: el dolor también podía ser un camino hacia Dios.
EL AMIGO QUE LO DESPERTABA PARA REZAR
El Padre Pío contaba que su ángel lo despertaba por las mañanas para rezar juntos. Lo llamaba “mi pequeño compañero de la infancia” y hablaba de él con una confianza casi familiar.
Decía que al acostarse por la noche, esperaba con alegría el momento en que su ángel viniera a despertarlo para las oraciones matutinas.
No era una visión ocasional. Era una amistad permanente.

UNA CERTEZA QUE NO LO ABANDONÓ NUNCA
Años después, el mundo entero conocería al fraile de los estigmas, al confesor incansable, al hombre rodeado de milagros. Pero detrás de esos signos extraordinarios había una convicción simple: Nunca estaba solo.
El ángel custodio estaba allí, incluso cuando nadie más lo veía. Y su historia dejó una enseñanza profunda para millones de creyentes: cada persona tiene un mensajero del cielo a su lado, aunque no lo note, aunque no lo vea, aunque nunca lo escuche.
Tal vez el misterio no sea que el Padre Pío hablara con su ángel. Tal vez el misterio sea cuántas veces nosotros hemos sido acompañados… sin darnos cuenta.
EL SANTO QUE VEÍA A SU ÁNGEL CUSTODIO… Y HABLABA CON ÉL TODOS LOS DÍAS
EL SANTO QUE VEÍA A SU ÁNGEL CUSTODIO… Y HABLABA CON ÉL TODOS LOS DÍAS









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