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LOS REMEDIOS PARA CUANDO DIOS PARECE AUSENTE

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 14 horas
  • 4 Min. de lectura
Santa Teresa de Calcuta sonreía ante el mundo, pero en su interior vivía una noche sin consuelo. Durante décadas rezó sin sentir a Dios, y aun así amó hasta el extremo. Su secreto puede cambiar la forma en que vives tu fe.
Santa Teresa de Calcuta reza en silencio sosteniendo un crucifijo. Durante décadas vivió lo que llamó “la noche de la fe”: una profunda sensación de ausencia de Dios que ocultó al mundo mientras seguía sirviendo a los más pobres con una sonrisa.
Santa Teresa de Calcuta reza en silencio sosteniendo un crucifijo. Durante décadas vivió lo que llamó “la noche de la fe”: una profunda sensación de ausencia de Dios que ocultó al mundo mientras seguía sirviendo a los más pobres con una sonrisa.

Hay un momento en la vida espiritual que asusta a muchos creyentes: el día en que la oración deja de sentirse. No hay consuelo, no hay emoción, no hay paz. Solo silencio. Solo sequedad. Solo la sensación incómoda de que Dios se ha alejado.


Para muchos, ese momento significa una crisis. Para otros, el inicio de la duda. Pero para santa Teresa de Calcuta fue una larga travesía de oscuridad… que duró décadas.

Sí, la mujer que el mundo conoció como el rostro de la caridad, la monja que recogía moribundos de las calles y hablaba del amor de Dios con una sonrisa, vivió durante años sin sentir la presencia divina en su corazón.


Sus cartas privadas, publicadas después de su muerte, revelaron un secreto estremecedor: Teresa experimentó una profunda sequedad espiritual. Rezaba, pero no sentía. Servía, pero no encontraba consuelo. Amaba, pero no percibía a Dios.


En una de esas misivas escribió: “Hay tanta contradicción en mi alma. Un profundo anhelo de Dios… y, sin embargo, el vacío, la oscuridad, la ausencia”.


La santa del amor vivía una noche interior.









LA OSCURIDAD QUE NO SE VE

Lo sorprendente no es solo que atravesara esa sequedad, sino que lo hiciera durante casi cincuenta años. No se trató de una crisis pasajera ni de una etapa breve. Fue una vida entera de fe sin consuelo.


Mientras el mundo la admiraba, ella caminaba en silencio por una noche espiritual.

Pero nunca dejó de creer.


Nunca abandonó la oración. Nunca dejó de servir a los pobres.Nunca renunció a su misión.

Ese es el secreto que muchos olvidan: la santidad no siempre se siente. A veces, se decide.


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CUANDO DIOS PARECE LEJOS

Santa Teresa enseñó, con su propia vida, que la fe no depende de las emociones. No se trata de sentir a Dios, sino de confiar en Él.


Su experiencia se parece a la de millones de personas hoy: hombres y mujeres que rezan sin sentir nada, que van a misa sin emoción, que buscan a Dios en medio del cansancio, la rutina o el dolor.


Para ellos, Teresa dejó un mensaje silencioso, pero poderoso: el amor verdadero no se mide por lo que se siente, sino por lo que se entrega.









LOS REMEDIOS QUE ELLA PRACTICÓ

Aunque vivía en la noche interior, santa Teresa no se paralizó. Desarrolló, sin teorías ni discursos, una serie de “remedios” que hoy pueden ayudar a quienes sienten a Dios lejano.


El primero fue la fidelidad. No dejó la oración, aunque fuera seca y sin consuelo. Rezar, para ella, era un acto de amor, no de emoción.


El segundo fue el servicio. Cada rostro pobre era, para ella, el rostro de Cristo. Si no lo sentía en su corazón, lo encontraba en la calle.


El tercero fue la sonrisa. Teresa insistía en que la alegría era una forma de caridad. Aunque por dentro hubiera oscuridad, por fuera ofrecía luz.


El cuarto fue la confianza. Nunca dejó de repetir: “Dios no me llama a tener éxito, sino a ser fiel”.


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LA NOCHE TAMBIÉN ES CAMINO

La experiencia de santa Teresa revela algo que muchos ignoran: la ausencia de consuelo no significa ausencia de Dios.


A veces, la fe madura precisamente en la oscuridad. Como una semilla que crece bajo tierra, lejos de la luz, pero sostenida por la vida.


La noche espiritual no es un castigo. Puede ser una purificación, una etapa de crecimiento, una forma de amar a Dios sin buscar recompensa.



CREER SIN SENTIR

En un mundo obsesionado con las sensaciones, la historia de Teresa de Calcuta resulta provocadora. Ella demuestra que la fe no es un sentimiento constante, sino una decisión diaria.


Creer cuando no se siente. Rezar cuando no hay consuelo. Amar cuando el corazón está seco. Eso también es santidad.


Y quizás, en el silencio de esa noche interior, Dios esté más cerca de lo que parece. Porque hay una fe que se grita en los momentos de alegría… y otra, mucho más profunda, que se susurra en la oscuridad.


Santa Teresa vivió en esa oscuridad durante décadas. Y desde allí, iluminó al mundo.

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