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EL DÍA QUE PUEDES QUEDAR BAJO SU MANTO PARA SIEMPRE

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 3 horas
  • 2 Min. de lectura
Cada 11 de febrero el Cielo vuelve a abrirse en Lourdes. No es solo una fecha: es una invitación urgente a consagrarte y ponerte bajo el manto de la Virgen. ¿Qué ocurre cuando alguien decide entregarse completamente a Ella?
En la gruta de Lourdes, donde el Cielo tocó la tierra, la Virgen Inmaculada se apareció a Santa Bernardita y pronunció palabras que aún estremecen al mundo: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Allí comenzó una historia de fe, penitencia y milagros que sigue viva.
En la gruta de Lourdes, donde el Cielo tocó la tierra, la Virgen Inmaculada se apareció a Santa Bernardita y pronunció palabras que aún estremecen al mundo: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Allí comenzó una historia de fe, penitencia y milagros que sigue viva.

Cada 11 de febrero no es una fecha más. Es una puerta abierta. Un llamado directo desde el Cielo. Es el día en que la Virgen de Lourdes vuelve a susurrar al corazón del mundo lo mismo que dijo en 1858, en la gruta humilde de Massabielle: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.


No fue una aparición decorativa. No fue un mensaje suave. Fue un grito espiritual que todavía resuena: “¡Penitencia! ¡Penitencia! ¡Penitencia! Recen por los pecadores”. Dieciocho veces se apareció a santa Bernardita Soubirous para recordar que el Evangelio no es teoría: es conversión, es oración, es Eucaristía, es vida nueva.


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Consagrarse a la Virgen de Lourdes no es repetir palabras vacías. Es ponerse bajo su protección. Es decirle: “Madre, guíame. Tómame de la mano. Llévame a tu Hijo”. Es permitir que su manto cubra tus heridas, tus miedos, tus luchas silenciosas.


Si quieres responder a su llamado, este es el acto de consagración:

Oración de Consagración a la Virgen de Lourdes

Santa María, Madre de Dios, Virgen Inmaculada, tú has aparecido dieciocho veces a Bernardita en la gruta de Lourdes, para recordar a los cristianos las maravillas y las exigencias del Evangelio, invitándoles a la oración, a la penitencia, a la eucaristía y a la vida en la Iglesia.









Para mejor responder a tu llamada, yo me consagro por tus manos a tu Hijo Jesús…

Hazme dócil al espíritu; y por el fervor de mi fe, por la manifestación de mi vida, por mi dedicación al servicio de los enfermos, haz que yo trabaje contigo en confortar a los que sufren, en reconciliar a los hombres, en trabajar por la unidad de la Iglesia y por la paz del mundo.


Con toda confianza, oh Señora mía, yo te dirijo esta plegaria y te pido que la recibas y la atiendas. Amén.


Nuestra Señora de Lourdes, rogad por nosotros. Santa Bernardita, rogad por nosotros.


Hoy puedes elegir: seguir igual… o consagrarte y dejar que la Virgen transforme tu vida.

EL DÍA QUE PUEDES QUEDAR BAJO SU MANTO PARA SIEMPRE



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