El Cura que Vendió la Iglesia por Falta de Fieles
- Canal Vida

- 21 jul
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Una iglesia en Italia fue vendida por decisión del párroco: ya nadie iba a misa y no había dinero para mantenerla. La comunidad reaccionó con sorpresa, pero la decisión ya está tomada. ¿El templo se convertirá en un negocio?

Lo que parecía impensado ocurrió: una iglesia fue puesta en venta por su propio párroco. No fue un escándalo económico, ni una reforma litúrgica, ni siquiera una crisis doctrinal. Fue algo más simple… y más triste: ya nadie iba a misa.
La pequeña iglesia de Fontanelle, construida en los años ‘70 para facilitar el acceso a los fieles alejados de la parroquia central, ya no contaba con asistentes. El párroco, Don Ezio Segat, enfrentó la cruda realidad: “Ya nadie hace donaciones y los gastos son imposibles de sostener”. Fue entonces que tomó la decisión más difícil de su vida sacerdotal: vender la iglesia.

DESMANTELAMIENTO
La campana ya fue retirada. El altar será desmantelado. Y en uno de los últimos domingos, el sacerdote leyó frente a una asistencia mínima el decreto episcopal que sellaba el destino del templo: dejaría de ser un lugar de culto.
“Si todos los que hoy critican la venta hubieran venido alguna vez, esto no habría pasado”, lanzó el presbítero, visiblemente dolido pero firme. Con sinceridad brutal, agregó: “Llorar por el pasado no construye el futuro”.

PENA POR LA VENTA
La comunidad se dividió. Algunos se mostraron conmocionados por el cierre, alegando recuerdos de infancia, comuniones y matrimonios. Otros, con honestidad, reconocieron que hacía años no pisaban el templo.
La propiedad incluye 10.000 metros cuadrados, de los cuales 2.800 son edificables. Ya hay un comprador privado que cerrará la operación en los próximos días. La iglesia de la calle Papa Juan XXIII pasará a manos seculares. ¿Qué se construirá en su lugar? ¿Departamentos? ¿Un parque? ¿Un centro comercial? Por ahora, es un misterio.

¿FE EN CAÍDA?
Pero lo que queda claro es que esta venta marca el fin de una era. No se trata solo de ladrillos y paredes sagradas: es el símbolo de una fe que se diluye, de una comunidad que dejó de congregarse, de una Iglesia que —literalmente— cierra sus puertas por falta de creyentes.
Mientras tanto, la parroquia principal de San Pedro Apóstol sigue en pie, restaurada con esmero gracias a donaciones puntuales. Allí, el padre Ezio continuará con sus funciones. Pero cada vez que mire hacia el oeste, sabrá que una parte del alma de Fontanelle se vendió por silencio.
“Vender una iglesia es como firmar el acta de defunción de una comunidad”, confesó un anciano del barrio. Y tal vez tenga razón.









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