Ecuador en Llamas: La Iglesia se Pone de Pie Contra las Mineras que Devastan, Envenenan y Matan
- Canal Vida

- 18 nov
- 2 Min. de lectura
La Iglesia ecuatoriana lanzó una denuncia histórica: las mineras están destruyendo pueblos, envenenando ríos y fracturando culturas enteras. Desde la COP30, obispos e indígenas marchan juntos para detener un modelo que ya está cobrando vidas. El mundo no puede mirar para otro lado.

En pleno corazón de la COP30 (Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), mientras el mundo discute cifras, cláusulas y metas que nunca llegan, una voz se elevó con la fuerza de un trueno: la Iglesia en Ecuador denuncia que la minería está destruyendo comunidades enteras… y matando lentamente al país más biodiverso del planeta.
Desde Belém (Brasil), Pedro Sánchez Coronel —líder de la Pastoral Ecológica y miembro de la Red Iglesias y Minería— lanzó una de las advertencias más duras del encuentro climático: “La fiebre por el oro está envenenando nuestra tierra y matando a nuestra gente”.
Y no exagera. Análisis recientes revelan niveles alarmantes de mercurio, arsénico y cadmio en los ríos que alimentan aldeas enteras. El agua —símbolo de vida— se convirtió en una sentencia de muerte. Pero la tragedia no se detiene ahí.

MINERÍA QUE DESTRUYE CULTURAS
Más del 15 % del territorio ecuatoriano fue entregado a empresas mineras. ¿Dónde? En tierras indígenas. En comunidades campesinas. En espacios donde la vida se cuida como un sacramento. A la contaminación se suman otros males: expropiaciones, violencia, corrupción, alcoholismo, ruptura social. La herida no es ambiental: es espiritual.
LA IGLESIA ENCABEZA LA RESISTENCIA
La imagen que recorrió el mundo es poderosa: el cardenal Luis Gerardo Cabrera, arzobispo de Guayaquil, encabezando la marcha en Quimsacocha, defendiendo el agua como quien defiende el alma de un pueblo.
Mientras el gobierno fusiona el Ministerio de Medio Ambiente con el de Minería —“poner al gato a cuidar el almacén”, dicen los campesinos—, la Iglesia camina junto a los pueblos que resisten.
“DEFENDER LA AMAZONIA ES DEFENDER LA VIDA DEL PLANETA”
Desde la COP30, la Iglesia ecuatoriana gritó lo que muchos temen decir: sin Amazonia, no hay futuro. Ecuador se convirtió en el escenario de una batalla profética: entre la codicia que cava tumbas y la fe que protege la creación.
Y el mundo mira. Porque lo que pase allí, nos alcanzará a todos.









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