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Cuando la Fe Sostiene al que el Mundo Descarta

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 2 horas
  • 2 Min. de lectura
Cuando todo se derrumba, muchos descubren algo inesperado: la fe sostiene donde el mundo descarta. Una reflexión sobre pobres, enfermos y perseguidos, y por qué Dios parece hacerse más cercano justo en los márgenes del dolor y la esperanza humana.
En los márgenes donde el mundo ya no mira, una fe silenciosa sigue arrodillada. Allí, entre pobreza y abandono, la luz no desaparece: se hace presencia, consuelo y promesa para quienes ya no tienen a quién aferrarse.
En los márgenes donde el mundo ya no mira, una fe silenciosa sigue arrodillada. Allí, entre pobreza y abandono, la luz no desaparece: se hace presencia, consuelo y promesa para quienes ya no tienen a quién aferrarse.

No ocurre en los palacios ni en los centros del poder. No suele aparecer en los titulares ni en las vitrinas del éxito. Y, sin embargo, allí —en los márgenes— el cristianismo siempre floreció. Entre pobres, enfermos, perseguidos, olvidados. Justamente donde el mundo da vuelta la cara, la fe vuelve a encenderse.


La historia lo confirma una y otra vez. Cuando todo se derrumba, cuando ya no quedan seguridades, cuando las promesas del sistema fallan, algo inexplicable sucede: Dios parece acercarse más. No como teoría, sino como presencia. No como discurso, sino como sostén.


Casa Betania

No es romanticismo del dolor. Es experiencia concreta. Quien no tiene a quién recurrir aprende a mirar al cielo con otros ojos. Quien pierde todo descubre que aún queda lo esencial. Allí donde la autosuficiencia se rompe, la fe encuentra espacio para respirar.


Por eso los primeros cristianos no fueron los fuertes del Imperio, sino los descartados. Por eso los hospitales nacieron junto a la Iglesia. Por eso las cárceles, los leprosarios y los campos de persecución se convirtieron en tierra fértil para la esperanza. Cuando el mundo quita, Dios se da.









El cristianismo no prometió una vida sin dolor. Prometió algo más inquietante: una presencia que no abandona. Una fuerza que no depende de las circunstancias. Un sentido que resiste incluso cuando todo lo demás se cae.


Tal vez por eso la fe incomoda. Porque recuerda que el valor de una persona no está en lo que produce, sino en lo que es. Porque denuncia una cultura que descarta y propone una lógica que abraza.


En tiempos de crisis, la pregunta vuelve con fuerza, casi como un susurro insistente: ¿Por qué Dios parece estar más cerca cuando todo se derrumba? Quizás porque ahí, cuando ya no nos sostenemos solos, descubrimos que nunca estuvimos realmente solos.

Cuando la Fe Sostiene al que el Mundo Descarta



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