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Cuando el Domingo Dejó de Ser del Señor

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 2 horas
  • 2 Min. de lectura
El domingo dejó de ser del Señor y pasó a ser un espacio negociable. De día sagrado a hora apurada. Una reflexión incómoda sobre fe, cansancio y una pregunta que muchos evitan hacerse… pero que nadie puede ignorar.
Eucaristía Misa
En el corazón de la misa, las manos elevan lo sagrado mientras el mundo se detiene por un instante. No es una hora más en la semana: es el centro de la fe, el momento en que el domingo recupera su sentido como Día entero para el Señor.

Hubo un tiempo —no tan lejano— en que el domingo no se negociaba. Era el Día del Señor, no un hueco en la agenda ni una hora apurada antes de “algo más importante”. Las calles estaban en silencio, los comercios cerrados y el descanso tenía sentido. Dios ocupaba un lugar real en la vida cotidiana.


Hoy, ese día sagrado se redujo a una franja mínima. A veces, ni siquiera eso. El domingo ya no es del Señor: es del deporte, del shopping, del cansancio acumulado, de la pantalla. Y si queda tiempo… quizá de Dios.


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La transformación no fue casual. A medida que Dios perdió centralidad en la cultura, también desapareció el descanso verdadero. Todo está abierto, todo compite, todo exige. Incluso las mañanas de domingo fueron tomadas por torneos, entrenamientos y compromisos que no admiten excepciones. El resultado es una sociedad agotada, sin pausa y sin alma.


Lo más inquietante es que nuestras exigencias a Dios no disminuyeron. Seguimos pidiéndole protección, bienestar, justicia a nuestra medida. Queremos que esté disponible cuando lo necesitamos, pero ausente cuando nos incomoda. Hemos pasado de ser siervos… a creernos jefes de Dios.









Así, el Día del Señor se convirtió en un estorbo más. Una molestia en la autopista de una vida donde todo gira en torno al “yo”. Y cuando una vida para Cristo se reduce a un día, y ese día a una hora, no sorprende que incluso esa hora parezca demasiado pesada.


Sin embargo, aún esperamos que Dios nos abra las puertas del cielo después de haberlo ignorado sistemáticamente en la tierra. Como si el Cielo fuera una extensión de nuestra idolatría.


La historia es clara: alejar a Dios nunca sale gratis. Todavía hay tiempo. Date la vuelta antes de que sea demasiado tarde.

Cuando el Domingo Dejó de Ser del Señor



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