Cuando el dolor reza: el Papa pide a los enfermos que ofrezcan su sufrimiento por la paz del mundo
- Canal Vida

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Cuando el cuerpo duele y el alma se cansa, el Papa lanzó un mensaje inesperado: el sufrimiento no es inútil. En una carta conmovedora, invitó a los enfermos a ofrecer su dolor por la paz del mundo.

En un mensaje que conmueve por su hondura espiritual y su fuerza silenciosa, el papa León XIV volvió a poner en el centro a quienes muchas veces quedan al margen: los enfermos. No como víctimas pasivas del dolor, sino como protagonistas de una misión invisible que —según sus palabras— puede cambiar el destino del mundo.
En una carta dirigida al cardenal Michael Czerny, su enviado especial a la 34ª Jornada Mundial del Enfermo, que se celebrará el 11 de febrero en el Santuario de Nuestra Señora de la Paz, en Chiclayo (Perú), el Pontífice invitó a todos los fieles que sufren dolencias, patologías o dolores persistentes a un gesto tan radical como poco comprendido hoy: ofrecer sus incomodidades cotidianas a Dios, por medio de María, por la paz del mundo.

“No es resignación —parece decir el Papa—, es transformación”. Sostenidos por la intercesión maternal de la Virgen, los enfermos pueden convertir cada límite, cada noche sin alivio y cada espera interminable en una súplica viva por una humanidad herida por la violencia y la indiferencia.
León XIV recordó una enseñanza clave de san Agustín, de una actualidad desarmante: “El alma humana está inquieta y solo en la caridad inefable de Dios puede encontrar la paz verdadera y duradera”. No en la salud perfecta, no en la ausencia de dolor, sino en una comunión profunda con Cristo que atraviesa incluso la fragilidad.
El Papa habló del consuelo del Evangelio, ese que no anestesia el sufrimiento, pero lo ilumina desde dentro. Un consuelo que nace —afirmó— de la certeza de que Cristo permanece con nosotros “todos los días, hasta el fin del mundo”, incluso en la cama de un hospital o en la soledad de una habitación.
Con un recuerdo afectuoso a la “querida tierra del Perú” y a la diócesis de Chiclayo —donde él mismo fue ordenado obispo—, León XIV subrayó que no es casual que esta Jornada se celebre allí: es un signo de la cercanía maternal de María con todos los que sufren.
En tiempos que huyen del dolor, el Papa propuso algo contracultural y profundamente cristiano: cuando el cuerpo no puede más, el amor todavía puede ofrecerlo todo.
Cuando el dolor reza: el Papa pide a los enfermos que ofrezcan su sufrimiento por la paz del mundo









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