Cruzaron la Cordillera a Pie por la Virgen: 420 Kilómetros de Fe, Dolor y Promesa Cumplida
- Canal Vida

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Caminaron de noche, cruzaron montañas, soportaron dolor y cansancio extremo. No fue una hazaña deportiva ni una promesa turística. Fue fe pura. 130 jóvenes cruzaron la Cordillera a pie por la Virgen… y lo que vivieron sorprende.

Durante 16 días, mientras el mundo seguía su ritmo habitual, 130 jóvenes decidieron hacer algo que roza lo imposible: cruzar la Cordillera de los Andes a pie, de noche, en silencio, con ampollas, cansancio extremo y una sola motivación que los empujaba cuando el cuerpo ya no daba más: la Virgen.

No fue turismo. No fue deporte. Fue una promesa caminada con sangre, frío y fe.
Entre el 16 y el 31 de enero, jóvenes de distintos países de América —argentinos, paraguayos, mexicanos, brasileños— emprendieron la llamada Cruzada de María, una peregrinación que une Mendoza con Santiago de Chile atravesando uno de los pasos más imponentes y peligrosos del continente. Más de 420 kilómetros, jornadas de hasta 40 kilómetros diarios, ascensos brutales, madrugadas heladas y noches iluminadas solo por linternas y rosarios.
Salieron a las cinco de la mañana desde el Santuario de Schoenstatt de Godoy Cruz. Los primeros días fueron los más duros: el cuerpo protesta, las piernas tiemblan, la mente duda. Pero nadie se volvió. Nadie soltó. El ascenso hacia Villavicencio, los caracoles, la altura, el cruce por el Cristo Redentor… cada paso fue una oración sin palabras.
Para evitar el sol letal, caminaban de noche. A las cuatro de la madrugada ya estaban en marcha. Dormían poco, comían rápido, se levantaban cansados. Y seguían. Escoltados por policía, gendarmería y carabineros, atravesaron rutas, fronteras y miedos. Celebraron misa en lo alto de la montaña, donde el aire falta pero la fe sobra.
No todos eran iguales. No todos pensaban igual. Pero la Virgen los unió. Veinticuatro consagrados y más de cien laicos, todos varones, caminando como hermanos. Ayudándose cuando uno caía, cargando mochilas ajenas, sosteniéndose en silencio.
Al llegar a Santiago, no hubo gloria mundana. Hubo abrazos, lágrimas y una certeza grabada para siempre: cuando se camina por María, el cuerpo puede agotarse… pero el alma llega más lejos de lo que uno imagina.
Cruzaron la Cordillera a Pie por la Virgen: 420 Kilómetros de Fe, Dolor y Promesa Cumplida









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