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“Ya No Te Llamo Siervo”: La Catequesis del Papa que Cambia la Forma de Mirar a Dios

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 10 horas
  • 4 Min. de lectura
Jesús no pidió obediencia ciega: ofreció amistad. En una catequesis que descoloca a muchos creyentes, León XIV recordó que la fe no es servidumbre, sino una relación viva que se cuida… o se pierde en silencio.
León XIV Audiencia General Catequesis
En la tradicional catequesis de los miércoles el Papa señaló que el Señor quiere que seamos sus amigos. (Fotografía: Vatican Media)

En un mundo acostumbrado a obedecer, cumplir reglas y rendir cuentas, León XIV lanzó hoy una afirmación que desarma esquemas, incomoda conciencias y obliga a repensar la fe desde la raíz. No habló de normas. No habló de castigos. No habló de méritos. Habló de amistad. Y lo hizo con una frase que atraviesa el Evangelio como un relámpago: “Yo ya no los llamo servidores… los llamo amigos”.


La catequesis de este miércoles 14, pronunciada en el Aula Pablo VI durante la audiencia general, no fue una explicación técnica más sobre el Concilio Vaticano II. Fue una interpelación directa al corazón de los creyentes. Bajo el título “Dios habla a los hombres como amigos”, puso en el centro una verdad que muchos escucharon, pero pocos se animaron a vivir: el cristianismo no es una relación de servidumbre con Dios, sino una relación de amistad.









Una fe que deja de ser obediencia ciega

Apoyándose en la Constitución Dei Verbum, uno de los textos más importantes del Concilio Vaticano II, recordó que Jesucristo cambió radicalmente la relación entre Dios y el ser humano. Ya no se trata de un vínculo distante, asimétrico y silencioso. En Jesús, Dios se acerca, dialoga y se revela. No como un amo que ordena, sino como un amigo que confía.


Esta afirmación tiene consecuencias profundas. Si Dios habla como amigo, entonces la fe no puede reducirse a cumplir rituales por costumbre. Tampoco puede vivirse como una lista de obligaciones religiosas. La amistad exige escucha, tiempo, cuidado y presencia. Y, como advirtió el Papa, las amistades no siempre se rompen por traiciones espectaculares, sino por pequeñas desatenciones cotidianas.


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El Dios que no se resigna al silencio

Uno de los puntos más fuertes de la catequesis fue la insistencia en el carácter dialogal de la Revelación. Dios no monologa. Dios habla esperando respuesta. La Dei Verbum recuerda que el Dios invisible “habla a los hombres como amigos y mora con ellos”. No soporta el mutismo espiritual. No busca espectadores, sino interlocutores.


En este marco, el Obispo de Roma hizo una distinción clave entre la palabra y la charla. La charla se queda en la superficie; la palabra verdadera revela quiénes somos y crea comunión. Así actúa Dios: hablándonos, se revela y nos invita a entrar en su intimidad. Pero esa palabra solo transforma si es escuchada.









Orar no es informar a Dios, es descubrirse a uno mismo

El sucesor de Pedro fue claro y contundente: no hablamos con Dios para decirle algo que no sabe. Hablamos con Él para revelarnos a nosotros mismos. Por eso la oración no es un complemento opcional de la vida cristiana, sino el espacio donde se cultiva la amistad con Dios.


Del mismo modo, subrayó que esta amistad se vive tanto en la oración litúrgica —donde es Dios quien toma la iniciativa y habla a través de la Iglesia— como en la oración personal, silenciosa, cotidiana. Sin ese diálogo, la fe se seca. Y sin diálogo, no hay amistad que sobreviva.


León XIV Audiencia General
Miles de fieles participaron de la audiencia general de los miércoles. (Fotografía: Vatican Media)

Una advertencia incómoda para la Iglesia de hoy

La catequesis tuvo también un tono de advertencia. Si Jesús nos llama amigos, ignorar su voz no es un pecado abstracto: es descuidar una relación viva. El vicario de Cristo alertó que la fe puede desgastarse no por un rechazo frontal, sino por la acumulación de omisiones, rutinas vacías y silencios prolongados.


En tiempos donde muchos viven la religión como consumo espiritual —tomando solo lo que gusta y descartando lo que exige—, León XIV recordó que la amistad con Dios no se negocia. Se cuida o se pierde.


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La salvación tiene rostro de amistad

El mensaje final fue tan sencillo como radical: la amistad con Dios es nuestra salvación. No una idea. No un concepto teológico. Una relación viva, sostenida por el amor, alimentada por la escucha y protegida por la oración.


En una Iglesia tentada a medir su vitalidad en números, programas y estadísticas, el Papa volvió a poner el acento donde siempre estuvo el corazón del Evangelio: Dios no busca servidores eficientes, sino amigos fieles.


Y la pregunta queda flotando, incómoda y personal: ¿Respondemos a esa amistad… o la estamos dejando en visto?

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