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“MIENTRAS EL PAPA ENTRABA AL CIELO… MI HIJO VOLVIÓ A RESPIRAR”

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 2 horas
  • 2 Min. de lectura
Un niño estuvo cinco minutos bajo el agua. No respiraba. Mientras en Roma se anunciaba la muerte del Papa Francisco, su madre hizo una súplica desesperada. Lo que ocurrió segundos después conmocionó a un pueblo entero y hoy divide a médicos y creyentes.
Milagro Papa Francisco
Que hoy Lionel este con vida, la madre se lo atribuye a un milagro del Papa Francisco.

El camino hacia Los Telares no es turístico. Es polvo, calor y silencio. A 270 kilómetros de Santiago del Estero, entre salitrales y animales sueltos que cruzan la ruta sin miedo, ocurrió una historia que hoy divide a médicos y enciende la fe de un pueblo entero.


El 25 de abril de 2025, Lionel, de apenas dos años, cayó en una cisterna de dos metros de profundidad en el patio de su abuela Susana. Fueron, según su madre Romina Ventureira, “minutos que duraron siglos”.


Casa Betania

Cuando lo sacaron, el niño estaba morado, frío, sin respirar. Vecinos coinciden en que estuvo sumergido cerca de cinco minutos. En términos médicos, ese tiempo suele significar muerte por asfixia o daño cerebral irreversible.


Pero lo que ocurrió después es lo que hoy muchos llaman “el primer milagro atribuido al Papa Francisco”.


Mientras en Roma el mundo conocía la noticia del fallecimiento del Pontífice, en una ambulancia que avanzaba desesperada por las rutas santiagueñas, Romina hizo algo que ni ella misma puede explicar.


“No soy de ir a misa todos los domingos”, admite. “Pero en ese momento vi su cara. Vi al Papa caminando solo por las escalinatas del Vaticano. Y le dije: ‘Tú que estás llegando al cielo, no dejes que mi hijo se vaya’”.


Según su testimonio, apenas terminó la frase, Lionel expulsó un chorro de agua y comenzó a llorar.


Ese llanto fue, para Los Telares, el sonido de la esperanza.









El doctor Ricardo García Villaverde, que recibió al niño, mantiene una postura prudente. La medicina reconoce casos de reanimación tras inmersión. Pero admite que una recuperación total y fulminante, sin secuelas neurológicas luego de tantos minutos bajo el agua, entra en el terreno de lo “excepcional”.


Para la ciencia puede ser una reanimación exitosa. Para el pueblo, fue algo más.


Hoy Lionel corre, juega y no presenta signos del trauma. La casa de los Ventureira se convirtió en un punto de peregrinación espontánea. No hay altares oficiales ni declaraciones del Vaticano. Solo una madre que asegura haber sentido paz en medio del caos.


La Iglesia tiene procesos rigurosos para reconocer milagros. Requiere peritajes médicos, investigaciones y dictámenes teológicos. Nada de eso ocurrió aún. Pero en Los Telares, la fe no espera decretos.


Romina no habla de estadísticas. Habla de una imagen, de una súplica y de un llanto que rompió el silencio de la ambulancia.


Mientras el Papa, según cree ella, entraba al cielo… su hijo volvió a respirar.


¿Milagro? ¿Coincidencia extraordinaria? La respuesta, por ahora, queda suspendida entre la ciencia y la fe.


Lo único indiscutible es esto: Lionel vive.

“MIENTRAS EL PAPA ENTRABA AL CIELO… MI HIJO VOLVIÓ A RESPIRAR”

“MIENTRAS EL PAPA ENTRABA AL CIELO… MI HIJO VOLVIÓ A RESPIRAR”

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