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LOS REMEDIOS CONTRA LA TENTACIÓN: CÓMO SAN JUAN MARÍA VIANNEY ENSEÑÓ A VENCER EL PECADO REPETIDO

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 5 horas
  • 4 Min. de lectura
Hay pecados que vuelven una y otra vez y dejan culpa, cansancio y frustración espiritual. San Juan María Vianney enfrentó esa batalla toda su vida y dejó remedios concretos para no rendirse cuando la tentación parece ganar siempre.
Cura de Ars
En la penumbra de Ars, el Cura se aferra a la Cruz mientras la tentación acecha en silencio. No hay gritos ni milagros visibles: solo oración breve, sacrificio cotidiano y una certeza que vence a la noche.

Hay pecados que no se van con una sola confesión. Vuelven. Insisten. Se repiten como una herida que no termina de cerrar. Y con cada caída llega la culpa, la vergüenza y una pregunta que quema por dentro: “¿Para qué intento si siempre recaigo?”.


La respuesta de la Iglesia no es edulcorada ni ingenua. Tiene nombre, rostro y experiencia concreta: san Juan María Vianney, el Cura de Ars, el sacerdote que pasó noches enteras peleando contra el demonio… y días enteros levantando a los que caían una y otra vez.









EL PECADO REPETIDO: LA TRAMPA QUE AGOTA EL ALMA

La tentación no siempre llega con estruendo. A veces es cansancio, rutina, debilidad, una vieja costumbre que se reactiva. El demonio juega a largo plazo: no busca una gran caída, sino el desgaste. Que la persona se canse de luchar. Que se convenza de que “no sirve”.


Vianney conocía ese mecanismo. Lo vivió en carne propia. Y por eso nunca humilló a un penitente que volvía con el mismo pecado. Decía algo que hoy suena casi revolucionario: Dios se cansa menos de perdonar que el hombre de pedir perdón.


casa betania

CLAVE 1: HUIR, NO NEGOCIAR

San Juan María Vianney fue tajante: con la tentación no se dialoga. El que se queda “a ver hasta dónde”, ya perdió.


Su consejo era simple y brutalmente práctico: huir. Cambiar de lugar, cortar la situación, cerrar la puerta, apagar la pantalla, levantarse de la cama, salir a caminar. No esperar a “sentirse fuerte”. La santidad no es aguantar más que nadie. Es saber cuándo correr.



CLAVE 2: ORACIÓN BREVE, NO DISCURSOS LARGOS

En plena tentación, no recomendaba oraciones largas ni reflexiones profundas. Recomendaba jaculatorias cortas, casi gritos del alma: “Jesús, socórreme”. “María, cúbreme”. “Señor, sálvame”. La oración breve rompe el aislamiento interior. Le recuerda al alma que no está sola en la pelea. Y eso, para el demonio, es letal.









CLAVE 3: SACRIFICIOS PEQUEÑOS, CONSTANTES

El Cura de Ars desconfiaba de los heroísmos ruidosos. Enseñaba otra estrategia: sacrificios chicos, cotidianos, casi invisibles. Aceptar una contrariedad. Callar una queja. Cumplir el deber aunque no haya ganas. Dormir un poco menos para rezar. Esos gestos, aparentemente mínimos, debilitan el poder de la tentación, porque entrenan la voluntad.


El pecado repetido no se vence solo con emoción espiritual, sino con disciplina humilde.



CLAVE 4: CONFESIÓN FRECUENTE (SIN VERGÜENZA)

Aquí viene lo polémico: Vianney no decía “confesate cuando ya estés seguro de no caer más”. Decía confesate seguido, incluso si la lucha sigue abierta. ¿Por qué? Porque la confesión no es un premio para perfectos, sino medicina para enfermos. El demonio odia la confesión frecuente porque corta su arma favorita: la desesperanza. Cada absolución es una derrota directa para él.



“EL DEMONIO SE CANSA ANTES QUE EL SANTO”

Esta frase, repetida por Vianney, es dinamita espiritual. El demonio puede insistir, acosar, tentar, provocar. Pero no soporta al alma que no se rinde.


El santo no es el que nunca cae. Es el que siempre vuelve. El que no abandona la lucha. El que sigue yendo a Dios incluso con vergüenza, incluso cansado, incluso harto de sí mismo.


Pedro Kriskovich

LA CULPA QUE PARALIZA NO VIENE DE DIOS

San Juan María Vianney diferenciaba claramente dos cosas:

  • La contrición, que empuja a volver.

  • La culpa estéril, que hunde y paraliza. Cuando después de caer alguien se encierra, se aísla y se convence de que “ya no vale la pena”, eso no viene de Dios. Es una tentación más.



UN MENSAJE INCÓMODO PARA HOY

En una época que banaliza el pecado o lo normaliza, el Cura de Ars incomoda. Dice que el pecado es real. Que destruye. Pero también dice algo más fuerte todavía: la gracia es más poderosa que cualquier hábito, por viejo que sea.


La lucha espiritual no es un camino recto. Es una guerra de resistencia. Y Dios no abandona a los que pelean, aunque peleen mal.



SI ESTÁS ATRAPADO EN UN PECADO QUE VUELVE

San Juan María Vianney te diría hoy: No te quedes solo. No negocies con la tentación. Reza corto y huí rápido. Confesate seguido. Hacé sacrificios chicos. Y no te rindas.


Porque hay una verdad que el demonio odia y la Iglesia repite sin miedo: el que persevera, aunque caiga mil veces, termina venciendo.

LOS REMEDIOS CONTRA LA TENTACIÓN: CÓMO SAN JUAN MARÍA VIANNEY ENSEÑÓ A VENCER EL PECADO REPETIDO

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