LOS REMEDIOS CONTRA LA ENVIDIA Y LA COMPARACIÓN CONSTANTE
- Canal Vida

- hace 7 horas
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En una era dominada por la comparación constante y la presión por destacar, santa Teresita del Niño Jesús propone un camino inesperado: dejar de competir, abrazar la pequeñez y descubrir que la verdadera grandeza no está en sobresalir, sino en amar en lo mínimo.

Vivimos en la era de la comparación permanente. Scroll infinito. Vidas perfectas. Cuerpos perfectos. Éxitos instantáneos. Ministerios más grandes. Influencers más carismáticos. Amigos más felices. Y en medio de todo eso, una voz interior que susurra: “No sos suficiente”.
La envidia ya no es un pecado escondido. Es una epidemia silenciosa. Se disfraza de inspiración, pero por dentro carcome. Nos hace competir incluso en la fe. ¿Quién reza más? ¿Quién sirve más? ¿Quién tiene más seguidores “católicos”? ¿Quién parece más santo?
Y en medio de este ruido aparece una joven carmelita de apenas 24 años que murió en un convento oculto, sin likes, sin fama en vida, sin grandes obras visibles: santa Teresita del Niño Jesús.
Y su respuesta fue revolucionaria.
LA ENVIDIA NACE DE OLVIDAR QUIÉN SOS
Teresita comprendió algo que hoy necesitamos urgentemente: el problema no es que otros brillen. El problema es que olvidamos que Dios nos creó únicos.
En sus escritos confesó que, al leer sobre grandes santos, sentía que jamás podría imitarlos. No tenía la fuerza de un mártir ni la sabiduría de un doctor de la Iglesia. Era pequeña. Limitada. Frágil.
Pero en vez de competir, hizo algo inesperado: aceptó su pequeñez.
Y así nació su famosa “pequeña vía”.

LA “PEQUEÑA VÍA”: EL ANTÍDOTO CONTRA LA COMPARACIÓN
Mientras el mundo propone escalar, destacarse, sobresalir, Teresita eligió descender. Descubrió que la santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en hacer lo ordinario con amor extraordinario.
No competir en santidad. No intentar ser otro. No buscar aplausos espirituales. Su propuesta fue simple y radical: ser fiel en lo mínimo.
Un acto escondido. Una sonrisa ofrecida cuando nadie la ve. Un sacrificio pequeño que nadie aplaude.
En una cultura obsesionada con la visibilidad, ella abrazó la invisibilidad. Y ahí encontró libertad.
NO COMPITAS EN SANTIDAD
Uno de los mayores errores espirituales de nuestra generación es convertir la fe en competencia. Queremos “ser mejores” que otros incluso en lo religioso. Y cuando vemos a alguien más virtuoso, más talentoso o más influyente, aparece la comparación.
Teresita lo entendió con una imagen luminosa: en el jardín de Dios no todas las flores son rosas. Hay lirios, violetas, margaritas. Cada una tiene su belleza. Si una violeta quisiera ser rosa, dejaría de ser lo que fue creada para ser.
La comparación constante destruye tu identidad. La envidia roba tu paz. La competencia espiritual te seca por dentro.
La pequeña vía propone algo más profundo: aceptar tu lugar en el jardín.
SENTIRSE PEQUEÑO NO ES UN FRACASO
Muchos jóvenes hoy se sienten insuficientes. No alcanzan estándares. No logran metas. No encajan. La comparación digital amplifica esa sensación.
Teresita también se sintió pequeña. Pero hizo algo clave: convirtió su pequeñez en confianza.
“No puedo subir la escalera de la perfección”, escribió. “Entonces dejaré que Jesús me levante en sus brazos”.
Eso es la pequeña vía: reconocer que no lo podés todo… y confiar igual.
La envidia nace del miedo a no ser suficiente. La pequeña vía nace de la certeza de ser amado.
SER FIEL EN LO MÍNIMO CAMBIA TODO
El remedio práctico que propone Teresita no es heroico ni espectacular. Es cotidiano:
• No responder con maldad cuando te comparan.
• No hablar mal del que te supera.
• No competir en espiritualidad.
• Hacer lo que te toca hoy con amor.
Nada de eso se viraliza. Pero transforma el corazón.
En un mundo que mide éxito en números, Teresita midió todo en amor. Y ese cambio de métrica es liberador.

TU CAMINO NO ES EL DE OTRO
Quizás no vas a predicar a multitudes. Quizás no vas a fundar una congregación. Quizás no vas a destacar públicamente. Pero tu camino no necesita parecerse al de nadie.
La comparación constante te hace vivir una vida ajena. La pequeña vía te devuelve la tuya.
Teresita murió joven, desconocida para el mundo. Hoy es Doctora de la Iglesia y patrona de las misiones sin haber salido jamás de su convento.
La grandeza no estaba en lo visible. Estaba en la fidelidad escondida.
EL VERDADERO REMEDIO
Si hoy la envidia te está robando la paz, si te comparás todo el tiempo, si sentís que nunca es suficiente, recordá esto: No competís con nadie. No necesitás ser más que otro. Solo necesitás ser fiel a lo que Dios te pide hoy.
La pequeña vía no te promete aplausos. Te promete libertad.
Y quizás ese sea el milagro que más necesitamos en la era de la comparación: volver a ser pequeños… y descubrir que ahí, justamente ahí, comienza la verdadera grandeza.
LOS REMEDIOS CONTRA LA ENVIDIA Y LA COMPARACIÓN CONSTANTE
LOS REMEDIOS CONTRA LA ENVIDIA Y LA COMPARACIÓN CONSTANTE









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