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LOS GRANDES AUSENTES DEL CONSISTORIO: QUIÉNES NO ESTUVIERON EN ROMA Y POR QUÉ SU SILENCIO RESUENA

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 7 horas
  • 4 Min. de lectura
No todos los cardenales estuvieron en Roma. Algunos faltaron por salud, otros por decisiones políticas y uno asegura no haber sido convocado. Las ausencias del primer consistorio de León XIV revelan tensiones profundas que sacuden a la Iglesia desde dentro.
Cardenales Consistorio extraordinario
Ciento setenta cardenales presentes, pero 75 ausentes. (Fotografía: Vatican Media)

Mientras León XIV reunía en Roma a los cardenales del mundo para el primer Consistorio extraordinario de su pontificado, una pregunta comenzó a circular con fuerza en los pasillos vaticanos y entre los fieles: ¿por qué no estuvieron todos?. La respuesta, lejos de ser meramente administrativa, revela tensiones, límites humanos y heridas abiertas en la Iglesia global.


De los 245 cardenales que integran hoy el Colegio Cardenalicio, 170 pudieron llegar a la Santa Sede para participar de los trabajos iniciados el miércoles 7 de enero y concluidos este jueves. Setenta y cinco estuvieron ausentes. La mayoría por razones conocidas y comprensibles: edad avanzada, problemas de salud o imposibilidad física de viajar. Sin embargo, dos ausencias destacaron por su peso simbólico y político.









EL CASO QUE SORPRENDIÓ: “NO HE RECIBIDO CONVOCATORIA”

Una de las ausencias más llamativas fue la del cardenal nicaragüense Leopoldo Brenes, arzobispo de Managua. En declaraciones a un medio local, el purpurado afirmó sin rodeos: “No he recibido una convocatoria”.


Brenes explicó que revisó sus canales habituales —correo electrónico, WhatsApp y comunicaciones oficiales del Colegio Cardenalicio— sin encontrar ninguna invitación formal. Incluso deslizó una duda inquietante: que se tratara de un consistorio “para cosas internas” o “muy particulares de la Santa Sede”.


Cardenal Leopoldo Brenes
El cardenal Leopoldo Brenes aseguró que no fue invitado al Consistorio extraordinario.

La reacción desde el Vaticano fue, como mínimo, elíptica. El portavoz del Vaticano Matteo Bruni evitó comentar el caso concreto y se limitó a afirmar, horas después, una frase que no despejó las sombras: “Por lo que me consta, todos han sido invitados”.


La falta de una aclaración directa dejó el episodio abierto a interpretaciones. En un pontificado que insiste en la escucha y la comunión, la ausencia de un cardenal que afirma no haber sido convocado no pasó desapercibida.


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LA AUSENCIA FORZADA: UN CARDENAL RETENIDO EN SU PAÍS

Si el caso nicaragüense generó perplejidad, el del cardenal venezolano Baltazar Porras conmovió por su gravedad, ya que el purpurado no pudo viajar porque no lo dejaron salir de su país.


El pasado 10 de diciembre, cuando se disponía a viajar a Bogotá, la policía migratoria venezolana le confiscó y anuló el pasaporte en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía. Desde entonces, permanece retenido, sin posibilidad de trasladarse a Roma.


Baltazar Porras
El cardenal Baltazar Porras tenía todo listo para viajar, pero el gobierno de Venezuela no lo dejo ir al Consistorio y le retuvo el pasaporte.

La ausencia fue confirmada desde el propio Vaticano por el arzobispo de Madrid, José Cobo Cano, quien explicó que los documentos del cardenal siguen en manos de las autoridades venezolanas.


El contexto no es menor: Venezuela atraviesa un clima de extrema tensión política, agravado tras la reciente operación militar para capturar al presidente Nicolás Maduro y trasladarlo a Estados Unidos para ser juzgado. En ese escenario, la Iglesia vuelve a quedar atrapada en medio de conflictos de poder que superan lo pastoral.









AUSENCIAS QUE HABLAN MÁS QUE PRESENCIAS

El Consistorio extraordinario fue pensado por León XIV como un espacio de comunión, discernimiento y corresponsabilidad. Un tiempo para escucharse y pensar juntos el rumbo de la Iglesia, especialmente en torno a la sinodalidad y la misión evangelizadora.


Por eso, las ausencias no son un detalle menor. Revelan que, mientras en Roma se habla de caminar juntos, no todos los cardenales pueden siquiera ponerse en camino. Algunos por la fragilidad del cuerpo. Otros por fragilidades institucionales. Y otros, directamente, por restricciones políticas que lesionan la libertad religiosa.


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UNA IGLESIA GLOBAL, CON HERIDAS GLOBALES

Que 170 cardenales hayan podido reunirse ya es, en sí mismo, un signo de comunión. Pero que 75 no hayan estado recuerda una verdad incómoda: la Iglesia es verdaderamente universal, y esa universalidad incluye desigualdades, persecuciones y silencios forzados.


El Papa habló de escuchar. Los cardenales hablaron de misión. Pero las sillas vacías también hablaron. Hablaron de países donde la Iglesia no puede moverse libremente. De comunicaciones que no siempre llegan. Y de una Iglesia que, mientras discierne su futuro, debe cargar con las cruces del presente.


En este primer Consistorio de León XIV, no solo importó quiénes estuvieron, sino también quiénes no pudieron estar. Porque en la Iglesia, incluso la ausencia —cuando es real y dolorosa— se convierte en un mensaje que interpela a todos.

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