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Los "Curasskater": Cuando el Evangelio se Predica a Toda Velocidad

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 8 oct
  • 4 Min. de lectura
Dos curas en skate desafían los moldes del clero y predican el Evangelio entre rampas y jóvenes. Desde Hungría hasta Estados Unidos, predican con equilibrio y pasión. ¿Rebeldía o santidad sobre ruedas? El mensaje es uno: Cristo también cayó… y se levantó.
cura skate
Dos curas, una misma misión. Desde Hungría hasta Estados Unidos, el padre Zoltán Lendvai (der.) y el fraile John Paul Zeller (izq.) llevan el Evangelio sobre ruedas, demostrando que la fe también puede deslizarse entre risas, equilibrio y juventud.

No usan púlpitos… usan rampas. No levantan el cáliz en un altar de mármol, sino en el aire, sobre una tabla. Son los nuevos apóstoles del asfalto, los sacerdotes skater, hombres de sotana y equilibrio que encontraron una forma radical, inesperada y profundamente cristiana de predicar el Evangelio: sobre ruedas.


Y aunque pueda sonar como una excentricidad moderna, su misión tiene raíces en algo mucho más profundo: llevar el amor de Dios a donde los templos no llegan, a las calles, a los parques, al corazón rebelde de los jóvenes.







EL CURA QUE HIZO PATINAR AL CIELO

En Hungría, el padre Zoltán Lendvai se convirtió en una leyenda viva. No porque dé sermones eternos ni por milagros en los altares, sino porque —literalmente— predica el Evangelio haciendo piruetas sobre su skate.


Su video “Funny Priest Skateboarding” explotó en YouTube y lo transformó en ícono mundial: un sacerdote de sotana negra deslizándose en rampas, sonriendo, cayendo, levantándose… y hablando de Dios.


Inspirado por san Juan Bosco, quien usaba juegos y alegría para acercar a los jóvenes, Lendvai descubrió que la fe también puede tener ruedas. “Muchas veces sentí que esta era la manera en que podía acercar un poco más a la gente a Jesús”, confesó a Reuters.


En su pequeña parroquia de Rédics, cerca de la frontera con Eslovenia, tres jóvenes que jamás habían pisado una iglesia comenzaron a asistir tras verlo patinar. “El skate puede abrir el camino hacia Dios”, dice. Y lo demuestra: ha regalado tablas a sus feligreses, bendecido pistas de skate y, a veces, predica con el viento en el rostro.


Cura Skate
El padre Zoltán Lendvai observa que la manera de acercarse a un sector de la juventud era el skate, y logró que muchos de ellos chicos se acerquen a Dios.
EL FRAILE DEL MONOPATÍN SAGRADO

Al otro lado del Atlántico, otro sacerdote desafía los límites entre lo sagrado y lo urbano: el padre John Paul Mary Zeller, fraile franciscano y capellán de EWTN, la cadena católica más grande del mundo.


A sus 45 años, volvió a subirse a la tabla después de un largo silencio de 25 años, motivado por algo que pocos esperaban: los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, donde el skate debutó como disciplina.


“Verlos me despertó el skater de 16 años que llevaba dentro”, cuenta. Pero su regreso no fue un simple acto nostálgico: su tabla —diseñada por la marca Mother Boards— está decorada con símbolos eucarísticos, el Cordero de Dios y la Hostia consagrada flotando sobre un cáliz.


“La gente me mira, se acerca y pregunta. Y ahí empieza la conversación sobre Jesús”, dice el sacerdote, que convirtió su pasatiempo juvenil en un poderoso instrumento de evangelización.


Durante el Congreso Eucarístico Internacional en Budapest, sorprendió a miles al recorrer el predio patinando con su hábito franciscano. “Soy cristiano. Soy católico. Esa es mi identidad”, repite con orgullo.


Cura Skate
El padre John Paul Mary Zeller después de casi dos décadas retomó un deporte que lo acercó a los más jóvenes.
DEL VÉRTIGO AL CIELO: FE, VELOCIDAD Y ALEGRÍA

El padre John Paul fue un joven alejado de la fe. A los 21 años vivía inmerso en la cultura del motor y las fiestas, fascinado por los autos y el estilo de Rápidos y Furiosos. Pero un encuentro con Dios transformó su vida.


En 2013 fue ordenado sacerdote y comprendió que la santidad no significa apagar la pasión, sino redirigirla. “Todo lo que he hecho —los autos, el skate— puede ser para la gloria de Dios y la salvación de las almas”, afirma.


Y esa es su prédica: que el Evangelio no es aburrido, que la fe no se vive solo en silencio o de rodillas, sino también entre risas, saltos y caídas. Porque, como él dice, “mantener el equilibrio es esencial tanto en la tabla como en la vida”.

Pedro Kriskovich
EL NUEVO LENGUAJE DEL ESPÍRITU

Estos sacerdotes demuestran que la Nueva Evangelización no siempre necesita micrófonos, sino creatividad. El skate se convierte en metáfora de la fe: caer, levantarse, intentarlo otra vez.


San Juan Pablo II —a quien ambos admiran— decía que “el deporte es una escuela de valor, de fidelidad y de amor a la vida”. Ellos lo llevaron al extremo literal: el skate como catequesis.

Para el padre Lendvai, cada truco es una oración. Para el padre Zeller, cada patinada es un testimonio de alegría. Ninguno busca fama: buscan almas que vuelvan a creer.


Y lo logran. Jóvenes que jamás habrían escuchado un sermón se detienen al verlos. Preguntan. Escuchan. Rezán. “¿Acaso ser sacerdote significa no poder divertirse?”, responde Zeller sonriendo. “No. Significa vivir la alegría plena de pertenecer a Dios”.

Casa Betania
CUANDO LA FE TOMA VELOCIDAD

Estos curas sobre ruedas están predicando algo más grande que su talento: que el cristianismo sigue vivo, joven, creativo. Que el Espíritu Santo también sopla en los parques, entre las tablas y los cascos.


Ambos sacerdotes enseñan que la santidad no es distancia, sino cercanía; no es rigidez, sino movimiento. Que se puede evangelizar sin púlpitos, con equilibrio y corazón.

Y así, mientras el mundo corre sin rumbo, ellos giran sobre una tabla… llevando el Evangelio en cada salto.


Quizás por eso, el padre Lendvai suele repetir una frase que se volvió su firma: “Jesús también cayó tres veces cargando la cruz… y siguió adelante. ¿Por qué no habría de hacerlo yo sobre mi skate?”.


Dos curas. Dos tablas. Un mismo mensaje: El Evangelio no envejece… simplemente aprendió a patinar.



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