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León XIV Se Sienta a la Mesa de los Invisibles

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 16 nov
  • 2 Min. de lectura
En un almuerzo que conmovió al Vaticano, el Papa se sentó a la mesa con quienes viven en la calle y lanzó una bendición que hizo llorar a cientos. Un gesto inesperado que reveló el corazón más secreto del Pontífice.
León XIV
León XIV bendijo los alimentos y pidió caminar unidos en el amor al prójimo. (Fotografía: Vatican Media)

En un gesto que nadie esperaba pero que todos necesitaban ver, León XIV volvió a estremecer al mundo desde el corazón del Vaticano. Esta vez no fue con una homilía, ni con una advertencia profética, ni con un discurso diplomático. Fue con algo infinitamente más poderoso: sentándose a la mesa con los pobres, compartiendo el pan con quienes duermen bajo puentes, sobreviven entre guerras y cargan en silencio heridas que la sociedad nunca mira.


El almuerzo, realizado en el Aula Pablo VI, marcó uno de los momentos más emotivos del Jubileo de los Pobres. Ante cientos de personas en situación de calle, refugiados, ancianos abandonados y familias destruidas por la violencia, proclamó un mensaje que atravesó corazones: “El Señor bendiga nuestra vida, nuestra fraternidad… que caminemos siempre unidos en su amor”.


León XIV
Cientos de personas de distintos lugares de Roma, que están atravesando situaciones difíciles, compartieron la comida con el Papa. (Fotografía: Vatican Media)

Pero lo que nadie vio venir fue el tono: cercano, cálido, casi paternal. No habló desde un trono, sino desde la vulnerabilidad compartida. Recordó a su predecesor con un aplauso que hizo vibrar el auditorio: “Un fuerte aplauso para el amado Papa Francisco”. Luego agradeció a la Comunidad de San Vicente por servir el almuerzo como quien sirve a Cristo mismo.

Pedro Kriskovich

Entre platos simples, risas tímidas y miradas que intentaban disimular lágrimas, el Papa elevó una bendición que muchos describieron como “un abrazo que cayó desde el Cielo”: “Que el Señor bendiga a quienes sufren por la guerra, el hambre y la violencia… y que hoy podamos celebrar esta fiesta en espíritu de fraternidad”.


León XIV
León XIV, el Papa que se sentó con los necesitados y los miró a los ojos. (Fotografía: Vatican Media)

Los presentes aseguran que nadie salió igual. Algunos lloraron. Otros volvieron a creer. Y muchos afirmaron que, por primera vez en años, sintieron que Dios se sentó a comer con ellos.


Un almuerzo que no alimentó solo el cuerpo, sino un hambre más profunda: la de ser vistos, recordados, amados.



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