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La SeƱal que Muchos Hacen Mal al Entrar a la Iglesia… y No Se Dan Cuenta

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 2 horas
  • 3 Min. de lectura
La mayorƭa la repite de memoria. Pocos saben lo que realmente estƔn diciendo con su cuerpo. Y casi nadie se detiene a pensar si la estƔ haciendo bien.
Persignarse al ingresar a un templo o iglesia
Muchas veces ingresamos a un templo y nos persignamos de manera automĆ”tica sin saber que hacemos, con errores importantes. Pero lo mĆ”s trĆ”gico es que cómo hacemos la seƱal de la cruz —que es una oración en sĆ­ misma— es cómo vivimos nuestra fe. ĀæTu cómo te persignas?

EntrĆ”s a una iglesia. Tal vez apurado. Tal vez distraĆ­do. MojĆ”s los dedos en el agua bendita —siempre que el templo tenga una pila o benditera—. LevantĆ”s la mano. Te persignĆ”s. Y seguĆ­s caminando. Un gesto automĆ”tico. RĆ”pido. Casi inconsciente.


Pero lo que para muchos es apenas una costumbre heredada, para la Iglesia es una confesión de fe profunda, una oración silenciosaĀ y, en cierto modo, un juicio interior: ĀæsabĆ©s lo que estĆ”s haciendo… o solo repetĆ­s un movimiento vacĆ­o?









No es un saludo: es una declaración

La señal de la cruz no es un saludo religioso ni una formalidad cultural. Es una profesión de fe corporal.


Cuando un cristiano se persigna, no solo ā€œmarcaā€ su cuerpo:

šŸ‘‰ proclama que cree en la Trinidad,

šŸ‘‰ recuerda su Bautismo,

šŸ‘‰ se coloca bajo la cruz de Cristo,

šŸ‘‰ y acepta —aunque no lo diga con palabras— el misterio de la salvación.


Por eso, hacerlo mal no es un detalle menor. No por culpa o castigo, sino porque revela cómo se vive la fe.


casa betania

El error mÔs común: rapidez sin conciencia

El error mĆ”s extendido no es tĆ©cnico. Es espiritual. No es tanto si la mano va primero a la frente o al pecho, sino cómoĀ se hace. Muchos se persignan sin detenerse, como si el gesto fuera un trĆ”mite para ā€œhabilitarā€ la entrada al templo.


La Iglesia, en cambio, siempre enseñó que la señal de la cruz es una oración en sí misma. Un acto que pide pausa, conciencia y fe.


Hacerla apurada es como rezar sin pensar lo que se dice.









¿Derecha o izquierda? El gesto que delata la confusión

Otro error frecuente es el sentido del gesto: hombro derecho u hombro izquierdo. Durante siglos, en Occidente se impuso el movimiento de izquierda a derecha. En Oriente, de derecha a izquierda. Ambos son vƔlidos.


El problema no es el lado. El problema es no saber por quĆ© se hace. Muchos lo hacen ā€œcomo les saliĆ³ā€, sin haber recibido nunca una explicación. Eso revela algo mĆ”s profundo: una fe que se transmite por repetición, pero no por comprensión.



Agua bendita sin sentido: cuando el sĆ­mbolo se vacĆ­a

El agua bendita no es decorativa. No es ā€œpara mojarse un pocoā€. Es un signo del Bautismo, una memoria viva del dĆ­a en que el cristiano murió al pecado y nació a una vida nueva. Al tocarla y persignarse, el fiel recuerda quiĆ©n es y a quiĆ©n pertenece.


Cuando ese gesto se hace sin fe, el símbolo se vacía. No porque el agua pierda su valor, sino porque el corazón no acompaña al cuerpo.



Una cruz mal hecha… Āæuna fe distraĆ­da?

La seƱal de la cruz bien hecha no es exagerada ni teatral. Es sobria, consciente, interior:

Frente → mente entregada a Dios.

Pecho → corazón ofrecido.

Hombros → fuerza y acciones bajo la cruz.


Cada punto tiene sentido. Cada movimiento dice algo.Cuando se la reduce a un gesto rĆ”pido y descuidado, no se peca… pero se pierde una oportunidad espiritual enorme.


Pedro Kriskovich

Lo que este gesto revela de nosotros

La seƱal de la cruz es una radiografƭa silenciosa de la fe. No acusa. No condena. Pero muestra.


Muestra si la fe estĆ” viva o dormida. Si es tradición heredada o convicción personal. Si se entra a la iglesia como a un lugar cualquiera… o como a la casa de Dios.



Recuperar lo esencial

Nadie pide perfección. Nadie exige solemnidad artificial. La Iglesia invita a algo mucho mÔs simple y mÔs difícil: conciencia.


Detenerse un segundo. Hacer la seƱal de la cruz sabiendo lo que se hace. Entrar al templo con el cuerpo y con el alma.


Porque ese gesto pequeƱo, casi invisible, dice mƔs de nuestra fe que mil palabras.

Y la próxima vez que entres a una iglesia, tal vez ya no puedas hacerlo igual.

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