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La Noche en que María Preparó la Gruta para los Reyes Magos

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura
María no solo sostuvo al Niño: preparó la gruta, detuvo la intemperie y recibió a los Magos con una majestad que estremeció a los ángeles. Una escena mística casi desconocida que revela cómo el Cielo entró en Belén esa noche.
María Magos
María recibe a los Magos de Oriente.

Mientras el mundo apenas comenzaba a comprender que Dios había nacido hecho Niño, en el silencio de Belén ocurría una escena que pocos conocen. No está relatada en los Evangelios, pero vive en las visiones místicas de sor María de Ágreda (1602-1665), una de las grandes testigos espirituales de la Encarnación.


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Según sus revelaciones, fue la propia Virgen María quien recibió el aviso celestial: los Reyes de Oriente ya venían en camino. San Miguel y San Gabriel le anunciaron que, antes de abandonar la gruta, debía esperar. Dios quería que aquellos sabios extranjeros adoraran al Verbo encarnado en persona.


María entonces preparó el lugar. No con adornos ni riquezas, sino con su presencia. Sostenía al Niño Jesús en sus brazos para protegerlo del frío, y —según la visión— ordenó a la intemperie que no lo dañara. El viento, la lluvia y la nieve se detuvieron milagrosamente a varios pasos de la gruta. Allí, el Creador del universo dormía al calor del corazón de su Madre.









La Virgen adoraba al Niño de rodillas. Para besarlo, pedía permiso. Jesús, pequeño y omnipotente, se inclinaba hacia su cuello y rodeaba su cabeza con los brazos. San José contemplaba, en silencio, ese misterio que transformaba la pobreza en Paraíso.


Cuando la estrella volvió a aparecer y se posó sobre la gruta, los Reyes Magos entraron. Vieron algo más que un Niño: vieron luz, ángeles, gloria. Se postraron. Adoraron. Y luego se arrodillaron ante María, pidiendo besar sus manos.


Ella los escuchó, los aconsejó, rechazó sus riquezas y les entregó algo mucho más valioso: paños del Niño Dios. Al partir, sus corazones —dice la mística— casi se rompían de amor.

Aquella noche, María no solo recibió a los Magos. Recibió al mundo entero… y lo ofreció a su Hijo.

La Noche en que María Preparó la Gruta para los Reyes Magos



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