LA NIÑA QUE DESAFIÓ AL IMPERIO
- Canal Vida

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El martirio ardiente de santa Eulalia que aún estremece a Barcelona.

Sobre Santa Eulalia de Barcelona no existen datos completamente fidedignos. Durante siglos se discutió incluso si era distinta a Santa Eulalia de Mérida. La historia no ofrece certezas absolutas. Pero la tradición —y el culto que la Iglesia mantiene vivo— habla con fuerza.

Estamos alrededor del año 300. El emperador Diocleciano persigue con brutalidad a los cristianos. En ese clima de terror, una niña de apenas 12 o 13 años sorprende por su audacia.
Eulalia no temía al martirio. Lo deseaba. Decía que morir por Cristo sería el camino más directo para encontrarse con Él. Sus padres, desesperados por protegerla, la encerraron en su casa, permitiendo que solo pocas personas —entre ellas un sacerdote— la visitaran.
Pero el fuego interior de la joven no podía ser contenido.
Un día escapó y buscó al gobernador romano para reprocharle la crueldad contra los cristianos. Fue un acto impensado para una niña. Fue una sentencia de muerte.
La tradición relata que fue azotada con varas de hierro y que antorchas ardientes fueron colocadas sobre sus heridas. Su cabello frondoso prendió fuego. El martirio fue brutal.
El poeta Prudencio narra que, al morir, una paloma blanca salió de su cuerpo y voló hacia el cielo. Los verdugos, aterrados, huyeron.
Era invierno. La nieve cubrió su pequeño cuerpo hasta que cristianos piadosos recogieron sus restos. En ese lugar se levantó un templo, que con el tiempo custodió sus reliquias y se convirtió en sitio de peregrinación.
No todo está documentado con precisión histórica. Pero la memoria de la niña que desafió al Imperio sigue viva. Y su valentía, más de 1.700 años después, todavía arde.
LA NIÑA QUE DESAFIÓ AL IMPERIO









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