LA MUJER QUE LE HABLÓ A DIOS EN EL SILENCIO: SANTA TERESA DE ÁVILA
- Canal Vida

- 15 oct
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Santa Teresa de Ávila no solo rezaba… veía al demonio, hablaba con los ángeles y escribió oraciones que aún estremecen al mundo. Descubrí cómo una mujer del siglo XVI desafió al poder, al miedo y al silencio con una sola arma: la fe.

El 15 de octubre, la Iglesia celebra a una mujer que incendió el alma del mundo con su fe, su inteligencia y su fuego interior: santa Teresa de Jesús, la gran mística de Ávila. Una monja de clausura que escribió con la misma fuerza con la que otros empuñaron espadas. Una reformadora que desafió a los poderosos, enfrentó al demonio en su celda y, en medio del silencio, escuchó la voz de Dios.
Nació en 1515 en una España turbulenta, donde la fe y el miedo caminaban de la mano. A los siete años quiso huir de casa para morir mártir entre los moros, “por ver a Dios pronto”, según escribió después. La detuvieron en el camino, pero su impulso místico ya era irreversible. Décadas más tarde, su alma volvería a escapar, esta vez no hacia el martirio físico, sino hacia el fuego divino que la consumía en la oración.
LA MUJER QUE VIO AL DEMONIO Y NO TEMBLÓ
Teresa relató en sus escritos —especialmente en El Libro de la Vida— que vio al demonio “horrendo y furioso”, una sombra que se le apareció varias veces en su celda para asustarla y apartarla de la oración. Pero la santa nunca cedió: “Una vez me apareció junto a mí, con gran furia, pero no me dio miedo. Lo desprecié y desapareció”.
Era una mujer enferma, con una salud quebradiza, pero con un alma imposible de doblegar. “El demonio teme a las almas alegres”, decía entre risas a sus hermanas del convento, cuando la oscuridad parecía envolverlo todo. Sabía que el infierno no soporta el brillo de una fe verdadera.

LOS ÉXTASIS QUE HICIERON TEMBLAR AL MUNDO
Su vida mística alcanzó su punto más alto con las visiones y éxtasis que inspiraron a generaciones enteras. Uno de ellos quedó inmortalizado por Bernini en una de las esculturas más famosas del mundo: El Éxtasis de Santa Teresa, que muestra el momento en que un ángel atraviesa su corazón con una flecha de fuego: “Veía un ángel a mi lado izquierdo… era pequeño, de gran hermosura. Vi en sus manos un dardo de oro con fuego en la punta. Me lo metió en el corazón varias veces y me dejó abrasada en el amor de Dios”, señaló la primera mujer que fue nombrada Doctora de la Iglesia.
Aquella escena, que muchos interpretaron como un éxtasis espiritual, otros la llamaron una experiencia mística de amor divino que rozaba lo humano. En un tiempo donde la mujer debía callar, Teresa habló, y no con su voz, sino con su alma.

LA REBELDE DE ÁVILA
En un mundo gobernado por hombres y estructuras de poder, Teresa fundó más de 17 conventos reformados, impulsó la Orden del Carmelo Descalzo y escribió textos que aún hoy estremecen.
Fue investigada por la Inquisición, acusada de “visión excesiva” y “audacia espiritual”, pero su humildad venció a sus enemigos. No buscaba fama, sino santidad.
“Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda”, escribió, sin imaginar que esas palabras serían repetidas cinco siglos después como una de las oraciones más poderosas del cristianismo.

EL SILENCIO QUE HABLA
Teresa enseñó que la oración no es recitar, sino escuchar. Su “camino de perfección” era un viaje hacia el silencio interior, donde Dios no grita, sino susurra.
“Hay que mirar a Cristo como a un amigo verdadero”, decía, convencida de que el alma humana puede encontrar en el silencio más respuestas que en mil sermones. En tiempos donde las guerras, el ruido y la prisa nos consumen, su mensaje suena más actual que nunca: detente, calla y escucha a Dios.
LA HERENCIA DE UNA POETA CELESTIAL
Fue declarada Doctora de la Iglesia por Pablo VI en 1970, la primera mujer en la historia en recibir ese título. Su legado sigue vivo en cada monja carmelita que reza en la soledad de un convento, en cada creyente que busca paz en medio del caos.
“Muero porque no muero”, escribió en uno de sus poemas místicos, expresando el deseo de unirse para siempre con el Amor que todo lo llena.
Teresa no necesitó armas ni tronos para cambiar el mundo. Le bastaron una pluma, una oración y una certeza: que el alma humana, cuando ama de verdad, puede tocar el cielo.
REVOLUCIONARIA ESPIRITUAL
Santa Teresa de Ávila fue más que una santa. Fue una revolucionaria espiritual, una poeta de lo divino, una mujer de fuego y silencio. Venció al demonio con oración, al miedo con fe, y al olvido con palabras que aún arden.
En su fiesta, el 15 de octubre, su voz resuena como una llama encendida en medio del mundo moderno: “Solo Dios basta”.









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