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La Madre que Escribió al Hijo por Quien Entregó su Vida

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 9 nov
  • 4 Min. de lectura
Una joven madre italiana desafió la lógica del mundo: eligió morir para dar vida. La carta que Chiara Corbella Petrillo escribió a su hijo antes de morir es una lección de amor, fe y eternidad que sigue conmoviendo al mundo.
 Chiara Corbella Petrillo
Chiara, tiempo antes de morir se encontró, junto con su hijo y esposo, con el Papa Benedicto XVI.

En una época donde el dolor se evita y el sacrificio se esconde, la historia de Chiara Corbella Petrillo (1984-2012) resplandece como un milagro de luz. Su vida fue una sinfonía de fe y entrega, una lección de amor que traspasa la muerte y transforma el sufrimiento en resurrección.







EL AMOR QUE NACIÓ EN UNA PEREGRINACIÓN

Chiara era una joven italiana alegre, espontánea, enamorada de la vida. En 2002, durante un viaje a Medjugorje, conoció a Enrico Petrillo, un joven peregrino de mirada sincera. Aquello que comenzó como una amistad, se convirtió en una historia escrita entre lágrimas, risas y oraciones.


Se casaron en Asís en 2008, convencidos de que el amor cristiano no es un cuento romántico, sino un acto de fe, un camino donde se ama incluso en la cruz. “Nos casamos sin nada, creyendo en la Providencia, y nunca nos faltó lo esencial”, escribió Chiara.

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DOS HIJOS DEL CIELO

A los pocos meses del matrimonio, llegó el primer embarazo. Pero la alegría se transformó en prueba: la pequeña María Grazia Letizia tenía una malformación cerebral incompatible con la vida. Los médicos aconsejaron interrumpir el embarazo. Chiara y Enrico dijeron no.“No podemos quitarle a nuestra hija el tiempo que Dios quiera darle”, respondieron.


La niña nació, fue bautizada y murió treinta minutos después, en brazos de su madre. La paz que reinó en aquel funeral dejó sin palabras a los que presenciaron la escena.


Meses después, Chiara volvió a quedar embarazada. El pequeño Davide Giovanni también nació con una grave malformación y vivió solo unos instantes. En sus apuntes, Chiara escribió una frase que hoy conmueve al mundo: “El Señor no nos quitó nada. Nos lo dio todo”.


 Chiara Corbella Petrillo
Chiara, con su mirada pura y sonrisa a flor de piel.
EL TERCER MILAGRO Y LA ENFERMEDAD

El tercer embarazo trajo consigo una nueva esperanza. Pero durante la gestación, los médicos descubrieron un tumor maligno en la lengua. Los tratamientos podían salvarle la vida, pero destruirían la de su hijo. Chiara decidió esperar: “Para muchos, Francesco era solo un feto de siete meses. Pero yo no tenía intención de poner en riesgo su vida por estadísticas inciertas”.


El 30 de mayo de 2011 nació Francesco Petrillo, sano. Una semana después, Chiara comenzó la quimioterapia. El cáncer ya se había extendido al hígado, los pulmones y los ganglios. Perdió un ojo, que cubría con un vendaje blanco, pero nunca perdió la sonrisa.


En medio del dolor, seguía repitiendo: “El amor te desgasta, pero es hermoso morir gastada, como una vela que se apaga cuando ha cumplido su misión”.


 Chiara Corbella Petrillo
Su otra pasión, la música.
LA CARTA A SU HIJO

El 30 de mayo de 2012, cuando Francesco cumplió un año, Chiara escribió una carta que hoy es considerada una joya espiritual. En ella, dejó su herencia más preciosa: su fe.

“Queridísimo Francy, hoy cumples un año. Has sido un gran regalo en nuestra vida, porque nos ayudaste a mirar por encima de nuestros límites humanos. Por lo poco que he entendido, solo puedo decirte que el amor está en el centro de nuestra vida. Nacemos de un acto de amor, vivimos para amar y morimos para conocer el amor verdadero de Dios. Si estás amando de verdad, lo sabrás porque nada te pertenece: todo es un don. Dios nunca te quita nada. Si toma algo, es solo porque quiere darte más.”


LA ÚLTIMA SONRISA

En junio de 2012, Chiara supo que su tiempo se acababa. Pasó sus últimos días junto al mar, en silencio, rezando y despidiéndose de quienes amaba. Saludó a cada persona con una sonrisa y un simple: “Te quiero”. Murió el 13 de junio de 2012, a los 28 años, con una paz que desconcertó al mundo.


Su funeral, celebrado en Roma, fue multitudinario. El cardenal Agostino Vallini pronunció una frase que selló su memoria: “Lo que Dios ha preparado a través de Chiara, no podemos perderlo”.


 Chiara Corbella Petrillo
Chiara y su esposo, junto al guía espiritual y franciscano que los casó.
UNA MADRE PARA EL MUNDO

Hoy, Chiara Corbella Petrillo es reconocida como Sierva de Dios, y su causa de beatificación avanza. En su tumba, en el cementerio de Verano, los fieles dejan flores, cartas y fotos de hijos enfermos. Muchos aseguran haber recibido gracias por su intercesión.


Chiara no fue mártir del dolor, sino testigo luminosa de la fe, una "santa moderna" —la "santa de la puerta de al lado", como decía Francisco— que mostró que el amor verdadero siempre implica una entrega: “Fíate, vale la pena”, dejó escrito a su hijo.


Y esas palabras, pronunciadas con la serenidad de quien ve el Cielo abrirse, siguen resonando como un eco eterno. Porque Chiara no murió: solo cambió de casa para seguir amando desde la Eternidad.



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